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Brasil más allá de Lula, Dilma y el PT

10 Sep

BRASIL más allá de Lula, Dilma y el PT

Por: Juan Masullo J.(*)

El futuro de Brasil no sólo se debate en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en la OMC y en el gobierno nacional. Se juega también en procesos emancipatorios que en el día a día entran en tensión con el Estado, los partidos políticos y los sindicatos. Brasil no es sólo el de Lula, Dilma y el PT. Un marco de análisis más amplio y sensible, para combatir la despolitización de la activación social crítica que ha puesto a temblar al grande del Sur, es necesario y urgente.

Como con “la Cuba después de Fidel” y “la Venezuela después Chávez”, analistas y medios se preguntan por “el Brasil después de Lula”. Resultado normal de la personificación de la política. Fenómeno natural cuando se trata de líderes políticos en quienes recae el acontecer de un sin número de transformaciones y procesos sociopolíticos. Cuando esta figura, por las razones que sea deja el poder, se abre un periodo de incómoda incertidumbre. Durante los más de 6 meses del mandato de Dilma, esta incertidumbre ha alimentado una explosión de análisis, unos más optimistas, otros menos, que se preguntan: ¿Qué será de Brasil en la era post-Lula?

La pregunta es relevante y merece respuestas igualmente relevantes. No obstante, una reformulación parece ser necesaria. La forma en que nos hacemos las preguntas condiciona nuestras respuestas. Plantear la pregunta en términos Lula-Dilma nos ubica en el plano de la macro-política; es decir, de los grandes procesos que tienen lugar en el nivel del gobierno, los partidos políticos, las elecciones, las relaciones entre Estados. Este plano, aunque clave, no resulta suficiente para entender el Brasil de hoy, ni mucho menos, las transformaciones que tuvieron lugar en los últimos años. Acá no se proporcionan respuestas; como primer paso para alcanzarlas, se cuestionan preguntas y se proponen otros marcos de análisis.

Veamos la lógica general detrás de esta idea. Mucho antes de la victoria de Lula y del PT, acontecimiento clave para entender el presente del país, Brasil venía experimentando, desde inicios de los años 80, una activación de fuerzas sociales críticas de suma importancia. En este proceso, sectores muy diversos, tales como partidos políticos de la izquierda tradicional, nuevos liderazgos como el PT, sectores marginados en ese entonces como las mujeres, los afro-descendientes y el LGBT, se erigieron bajo las banderas de la democratización y la conquista de los derechos colectivos.

Entrada la década de los noventa, mientras en diferentes rincones del mundo la activación de fuerzas sociales críticas resonaba (la insurrección zapatista en 1994, las huelgas masivas en el invierno de 1995 en el país galo, el saboteo a la reunión de la OMC en Seattle en 1999, las protestas contra la reunión del G8 en Génova en 2001), el proceso en Brasil tomaba otro rumbo: la despolitización. La confluencia de reformas democráticas con la implementación del modelo neoliberal, aquella que Dagnino denominó “confluencia perversa”, produjo un paulatina despolitización de los procesos micro-políticos que se venía gestando y evidenciado en la década anterior. Este proceso, con algunas excepciones como la del MST, devino en una “ONGización” y/o burocratización de las luchas y movimientos sociales y, en general, de los múltiples procesos organizativos que, desde lógicas y formas diferentes, agitaban el clima sociopolítico en Brasil. No obstante, esto no ocurrió libre de fricción y resistencia. Sucesos producto de esta tensión, como la instauración del Foro Social Mundial en Portoalegre en 2001, sirvieron de plataforma colectiva y social para el asenso de Lula y así, para renovación de la esperanza.

Preguntas planteadas en términos únicamente macro-políticos corren el riesgo de ignorar este ambiente de agitación y tensión social más amplio, adelgazando el espacio de “lo político”. En el amplio, fragmentado y algo amorfo espacio de “lo político”, Lula y el PT son tan sólo la punta de un gran iceberg. Preguntas así planteadas, de manera deliberada o no, pueden jugar al servicio de la despolitización. Una despolitización que opera a través de una reducción de “lo político” al juego de “la política y las políticas”. Si entendemos “lo político” como el espacio de la constitución de lo social, de la forma de sociedad, de las prácticas sociales; reducirlo a las elecciones, los partidos políticos, a lo que hacen los gobiernos, a las organizaciones compuestas por Estados, etc., estamos ante un proceso de despolitización.Vistas así las cosas, Lula aparece como un segmento de un movimiento más amplio del cual no es portavoz, ni nunca parece haber pretendido serlo. De hecho, un movimiento con el que, en muchas ocasiones y de diferentes maneras, entró en tensión. El Brasil de hoy es, en grado considerable, resultado precisamente de esta tensión. Tensión que no hubiese tenido lugar sin aquellos nuevos modos sociales de ser, nuevos modos colectivos de existir, nuevos modos de subjetivación, nuevas formas de resistencia que empezaron a tener lugar, décadas atrás, en el nivel micro-político. El Brasil que frente a nosotros tenemos es, en parte, el resultado de una tensión social productiva posibilitada por una decidida búsqueda de territorios de existencia originales y singulares. En este complejo ajedrez, Lula y el PT, y ahora Dilma, son sin duda movidas estratégicas, pero de ninguna manera, la partida completa.

El rol fundamental que en este proceso de transformación experimentado por Brasil juegan actores como el MST o las asociaciones que dieron vida al presupuesto compartido de Portoalegre, y otras menos visibles como las colectividades barriales que buscan alterar la cotidianidad violenta en las principales favelas de Rio de Janeiro, hace que la pregunta por el futuro del país puesta en clave Lula-Dilma sea, aunque relevante, insuficiente. Como en casi ningún otro país de la región, el terreno de la micro-política, aquel del deseo, de la subjetividad, de la relación con los otros, ha despertado una tensión social que, desde hace décadas, sigue un curso que parece irreversible.

La pregunta por el nivel micro-político, que acá tan solo se plantea, abre una dimensión nueva de análisis, más compleja e integral. Abre un inmenso escenario de posibilidades, un marco para (re)pensar aquello que ya es real pero que ha sido activamente producido como no existente. Lo importante es entender, y reconocer, que el Brasil de hoy, con sus conquistas y sus problemas, es el resultado de una tensión portadora de procesos de transformación social y subjetiva. Así, visto con este lente, en el complejo juego democrático de la era post-dictadura, Lula y el PT representan un segmento que, por visible y estratégico, no puede confundirse con la totalidad. En curso hay luchas sociales que no se preocuparon por la totalidad (por el Estado, por el partido, por el sindicato) y sin las que, en Brasil, resultaría imposible entender el fenómeno Lula y PT. Para pensar el Brasil de hoy y proyectar el de mañana, los procesos micro-políticos, portadores de prácticas emancipadores que se construyen en el día a día, así como las formas en que estos se relacionan con las estructuras macro-políticas y las tensiones que ahí se generan, han de ser variables en cualquier análisis.

No se trata, valga la aclaración, de dos mundos diferentes e independientes. El objetivo es, claro está, la articulación de los niveles micro y macro de “lo político”. Una articulación libre de cooptación, que no proceda ni por yuxtaposición ni por integración. Es decir, condicionamientos recíprocos, tensión productiva. Un análisis que permita disociar ambos niveles para estudiarlos en su especificidad y que esté en la capacidad de captar sus modos de articulación es urgente. El nivel en el que la cuestión se está planteado, y mediatizando, carga consigo el riesgo de subsumir, y en el peor de los casos silenciar y despolitizar, la efervescencia de ideas y deseos de cambio que años atrás han empezado a esbozar un nuevo Brasil.

Acá no hay respuestas. No hay hipótesis. Hay una invitación a mirar las cosas desde otro ángulo.

(*) El autor agradece a Santiago Millán por sus comentarios a una versión preliminar de esta reflexión y por las muchas discusiones que dieron vida a esta reflexión.

(Imágenes tomada de brasil.mywebs.com, infosurhoy.com y ojornalweb.com respectivamente)

 

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