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Globally Occupy / No a la Reforma de Educacion Superior

15 Oct

El Movimiento OKUPA se extiende

En Colombia, los universitarios contra la Reforma de la Educación Superior

   HotIndieNews.com

   occupywallst.org

   occupyglobally.com

http://www.universidad.edu.co/

La Reforma a la Educacion Superior de Santos

Reforma a la Educación Superior ¿Más calidad? ¿Más   cobertura?

NOS HACEMOS PARTÍCIPES DE LA SIGUIENTE NOTA ESCRITA POR UNA DE NUESTROS ALIADOS:

Solo quiero compartir mi tristeza e indignación por el asesinato del joven Jan Farid, en las movilizaciones del jueves pasado en Cali. Este pelado, como cualquiera de nosotros salió a manifestar su desacuerdo con la reforma a la educación. Como muchos de nosotros se fue en combo por las calles de su ciudad. Sin embargo, sin que se sepa muy bien cómo, murió en la marcha.

Prestos a llamar vandalismo y terrorismo cualquier expresión de inconformidad, los medios de comunicación de manera irresponsable, señalaron de terrorista a Jan Farid, diciendo que tenía en su morral algún tipo de explosivo. Sin embargo, el dictamen de medicina legal es HOMICIDIO.

Queda claro que no fue una explosión de su morral sino un artefacto, como declararon varios compañeros que estaban cerca de él, lanzado por alguien externo a la marcha.

Tristemente los estudiantes -sean de universidades publicas o privadas, como el caso de Jan Farid- siguen siendo el blanco de quienes consideran la movilización social un peligro que debe ser silenciado por cualquier medio.

Que la guerra tiene varios rostros queda claro. Mientras se habla de respeto por parte del Gobierno, quienes salen a protestar pueden ser asesinados sin que nada pase!!

¿Que tan acostumbrados estamos con esta guerra? ¿Qué tan cómoda es nuestra indiferencia?

Para aquellXs interesadXs, en este link podrán ver un corto video sobre lo sucedido: http://www.youtube.com/watch?v=j_ZwhvWjaQw

Amanda (http://comunicacionenrexistencia.blogspot.com)

Las consignas en la siguiente foto dicen:

LOS JEFES Y LOS BANCOS AMAN NUESTRAS GUERRAS INTERMINABLES!

TENEMOS SUFICIENTE PARA LAS NECESIDADES DE TODOS, PERO NO PARA LA AVARICIA DE TODOS

El director y actor Orson Welles dijo en una ocasión: “Si quieres un final feliz, eso depende, por supuesto, de dónde termines tu historia”.

Obviamente, la historia del “Ocupa Wall Street” y el movimiento que se propaga por todo el país (Y EL MUNDO -952 CIUDADES EN 82 PAISES, entre ellos, Brasil, Australia, Inglaterra, Guatemala, Chile, Japón, Italia, Puerto Rico, China) apenas comienza a escribirse. Pero los que la siguen, sobre todo aquellos de nosotros que simpatizamos con el movimiento, están ansiosos de saber cómo terminará.

¿Hará que los políticos empiecen a poner más atención a la gente que a las ganancias? ¿Convencerá el “99%” al “1%” de que sea más compasivo?

¿Darán lugar las protestas a una nueva generación de ciudadanos comprometidos, el “flower power” del siglo XXI? Si las autoridades no disuelven estas ocupaciones por la fuerza, ¿cómo mantendrán su visibilidad en una sociedad que se distrae fácilmente? ¿Cómo harán los manifestantes para estar calientes y no mojarse?

Los estadounidenses nos hemos vuelto sorprendentemente complacientes ante las desigualdades e injusticias más indignantes, y parecemos defender los intereses especiales de los “creadores de trabajos” dueños de yates tragándonos la realidad de millones de nuestros conciudadanos que trabajan y son pobres a la vez. Un poster del movimiento “Ocupa Wall Street” decía: “La luz al final del túnel se ha apagado”.

El hecho de que tengamos ahora un debate público sobre la desigualdad y el áspero camino a ninguna parte que transitan muchos trabajadores estadounidenses insinúa que, sea cual sea la agenda final de “Ocupa”, el proceso de su creación, el hecho de que exista, podría ser el punto esencial.

Los movimientos sociales surgen no para conseguir objetivos políticos estrechos sino para cambiar el debate público y movilizar a la sociedad hacia un cambio. Las encuestas muestran que el mensaje de este movimiento contra la avaricia corporativa.

Aunque el movimiento del 99%, como se lo conoce en ciertos sectores, se desvanezca en los próximos meses, podría ser la chispa que encienda otra llama que traiga el cambio. Así como el interés hace que una cuenta de banco se multiplique y crezca, lo mismo sucede con la indignación y la resistencia.

Como cualquier buena historia, el movimiento del 99% va a tener un punto de inflexión, aunque es pronto para predecir cuándo o cuál será. Pero vendrá en forma de una reivindicación significativa que, si se logra, transformaría drásticamente para mejor nuestra política y nuestra economía.

Partiendo de mis conversaciones con participantes del movimiento “Ocupa Wall Street”, mi sensación es que la demanda final podría ser una reforma radical para sacar el dinero de la política. Podría ser una exigencia de que las elecciones se financien con dinero público, nuevas restricciones a las contribuciones de los grupos de presión… Podría haber incluso una enmienda constitucional que diga que la ley no debería tratar a las corporaciones como personas, revocando así el fallo de la Corte Suprema que permite a las empresas y donantes ricos gastar más libremente en campañas.

Pero si el estadounidense promedio se vuelve más consciente de las injusticias producto de la desigualdad, y si empezara a combatirlas, entonces no importará cuál sea el final de la historia.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Sally Kohn) Nota del Editor de CNN – Sally Kohn es estratega y analista política. Es fundadora y jefa de estudios del Movement Vision Lab, una organizaciones que promueve las ideas de comunidades locales para resolver problemas nacionales.

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Director and actor Orson Welles once said, “If you want a happy ending that depends, of course, on where you stop your story.”

Of course, the story of Occupy Wall Street and the movement it’s sparking across the nation (AND THE WORLD, 952 cities in 82 countries, among them: Brazil, Australia, England, Guatemala, Chile, Japan, Italy, Puerto Rico, China) is just beginning to be written. But those watching it unfold, especially those of us who are sympathetic to the movement, are eager to know how it might end.

Will politicians start paying more attention to people instead of profits? Will the “99%” persuade the “1%” to be more compassionate?

Will the protests spawn a new generation of engaged citizens, the “flower power” for the 21st century? If the occupations aren’t forcibly ended by authorities, how will they stay visible in our easily distracted society? And how will the protesters stay warm and dry?

Americans had become shockingly complacent in the face of outrageous inequality and injustice, seeming to defend the special rights of yacht-owning “job creators” while swallowing the notion that millions of our fellow citizens can be both working and poor.

Social movements spring up not to achieve narrow policy goals but to shift the broader public debate, mobilizing public will toward change. Polls show this movement’s message against corporate greed.

Even if the 99% movement — as it’s coming to be known in some quarters — fizzles in the coming months, historically it may be the spark that lights another flame that ultimately leads to change. Just as interest on a bank account multiplies and compounds over time, so does outrage and resistance.

Like any good story, the 99% movement is bound to have a cliffhanger, though it’s too soon to predict when or what it will be. But expect it to come in the form of a significant demand that, if achieved, would dramatically transform our politics and economy for the better.

Based on my conversations with participants at Occupy Wall Street, my sense is that the ultimate demand could be a radical reform to get money out of politics.

But even if ordinary Americans merely become more awake to the injustices of gaping inequality, if they now begin to fight back, then it won’t matter where the story ends.

The opinions expressed in this commentary are solely those of Sally Kohn. CNN Editor’s note: Sally Kohn is a strategist and political commentator. She is the founder and chief education officer of the Movement Vision Lab, a progressive grass-roots think tank that promotes the ideas of local communities to solve national problems, and a contributor to American Prospect magazine.


 

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