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Acción Colectiva /Collective Action

20 Oct

REPERTORIOS DE ACCIÓN COLECTIVA
Contienda y disrupción en un mundo en movimiento

Por: Juan Masullo J.

“Borders don’t matter at all […] We all are human beings, we are all in this together. This is a global movement”
Lauren Zygmont (Occupy Denver) (1)

Los Londoners buscan inspiración en los Indignados. En Manhattan miran hacia la primavera árabe y a las plazas españolas para ocupar Wall Street. Los países latinos participan de la iniciativa iniciada en y por el 15M en España. ¿Cómo interpretar este fenómeno? Existen múltiples motivos detrás de las movilizaciones y estos varían de país en país. Igual pasa con los símbolos, los slogans y los grupos particulares a quienes estos van dirigidos. No obstante, detrás de estas variaciones descansan coincidencias de suma importancia.

Para empezar, estamos ante una muestra de acción colectiva. Pero no de acción colectiva sin más: atestiguamos algo que puede calificarse como acción colectiva contenciosa. Sidney Tarrow,(2) profesor de la Universidad de Cornell, ha señalado que la acción colectiva es contenciosa cuando es utilizada por personas que carecen de acceso regular a instituciones representativas, que articulan reivindicaciones nuevas o comúnmente no aceptadas, y que se comportan de manera tal que desafían autoridades, elites y/o terceras partes.

Desde la primavera árabe, pasando por el 15M,(3) hasta el movimiento Occupy que hoy se extiende por el mundo entero, la cuestión pasa por todos estos elementos:

  • un grupo muy heterogéneo de personas “de a pie” se moviliza;
  • buscan nuevos vehículos de expresión al margen –y en oposición- de los estrechos canales de representación existentes;
  • articulan un amplia gama de reivindicaciones en torno a asuntos que ‘están ahí’ pero han sido sistemáticamente ignorados o que, sencillamente, nunca antes se han puesto sobre la mesa;
  • desafían de manera frontal a autoridades o grupos de personas que llevan las riendas y se benefician de ello.

La acción colectiva contenciosa está en la base de todos estos movimientos y, de alguna manera, conecta unos con otros sin respetar ningún tipo de fronteras espacio-temporales. Esto es así ya que, como señala Tarrow, la política contenciosa es el principal recurso, si no el único, que tienen las personas “de a pie” para demostrar su insatisfacción y expresar sus demandas ante grupos que están mucho mejor equipados.

Por otra parte, conectando todos estos movimientos, encontramos una acción colectiva que es, en esencia, disruptiva. Esto es, una acción colectiva que, a través de una descarga imprevista de demandas, materiales y no-materiales, tomando formas no convencionales, acudiendo a medios innovadores y alimentada por una tensión profundamente contenciosa, supone una ruptura brusca con la normalidad. Como lo pone Tarrow, es una acción colectiva que rompe con la rutina y deja a los oponentes, por lo menos en una fase inicial, desorientados. Las manifestaciones en el Parque Bowling en Nueva York, la Plaza Catalunya en Barcelona, las escaleras de la Catedral de St. Paul en Londres o en las inmediaciones del Banco Central Europeo en Frankfurt han sido, indiscutiblemente, disruptivas. No sólo han llamado la atención de los transeúntes, también han dejado desarmadas a las fuerzas del orden y desubicadas a las diferentes caras de la autoridad. Han interrumpido la normalidad del acontecer diario.

No obstante, la acción colectiva contenciosa y disruptiva no está libre de riesgos y desafíos.

Primero, la inestabilidad. En otras palabras, la dificultad de sostener en el tiempo la disrupción. En Barcelona, luego de varias asambleas nocturnas, la estrategia para hacer frente a este riesgo parece haber sido la re-terrirorializacion de la contienda: de la presencia constante en la Plaza Catalunya se pasó a las asambleas barriales periódicas. El movimiento no se desarticuló y, muestra de ello, han sido sus re-apariciones masivas en coyunturas críticas. La marcha emprendida, desde Madrid hasta Bruselas, puede entenderse como otra forma de re-territorialización cuyo objetivo no es sólo recrear y mantener la contienda, sino también internacionalizar la disrupción.

Segundo, el riesgo latente de incurrir en violencia. El 15M, así como los movimientos que incitó alrededor del mundo, se plantearon, desde el comienzo y de manera decidida, la no violencia como principio de acción. Los brazos en alto de los muchos indignados que en la Plaza Catalunya resistían los golpes de los Mossos d’ Esquadra el pasado 27 de mayo son una expresión clara y valiente de un rechazo rotundo a los medios violentos. No obstante, en situaciones particulares, como hemos visto en Londres, Roma y Nueva York, la violencia puede estallar en cualquier momento.

Finalmente, la rutinización y convencionalización. Como forma de normalización (incluso trivialización), estas aparecen cuando la manifestación deja de llamar la atención, no rompe más el ritmo de la cotidianidad y empieza a ser parte de la rutina normal. Como forma de institucionalización, aparecen cuando las formas no convencionales entran en el juego de las formas convencionales, la innovación deja de considerarse indispensable, la espontaneidad deja de ser un valor y reglas más férreas entran en el modus operandi. En casos extremos, la disrupción se diluye en la rutina diaria de las instituciones frente a las que en principio se expresaban las reivindicaciones.

Apoyándose en la creatividad y la imaginación, a través de estrategias de re-territorialización locales e internacionales y, por encima de todo, sirviendo de repertorio de acción recreable, el movimiento que empezó en la primavera de 2010 ha logrado enfrentar, exitosamente, los vicios de la inestabilidad, la violencia, la rutinización y la convencionalización.

La política contenciosa puede ser aprendida; una vez sus formas son visibles y se muestran viables, se difunden con rapidez y devienen en repertorios de acción modulares. Tilly(4) nos recordó que, en contra de la evidencia presentada por algunos teóricos, las formas de disputa son para muchas personas, en sí mismas, incentivos colectivos para la manifestación y contienda colectiva. Los acontecimientos del mundo Árabe y de España constituyen así repertorios de acción colectiva contenciosa de los que, sin diluir singularidades, otras colectividades pueden valerse y, de hecho, se han valido. La acampada masiva y permanente en espacios públicos y su uso como práctica de reflexión y existencia colectiva, es un ejemplo claro de ello. Lo que el mundo ha visto este año, lo que muchos indignados silenciosos pudieron aprender en sus fueros privados, supone un cambio fundamental en las oportunidades políticas y en las restricciones que alientan/inhiben la acción colectiva contenciosa. Como anota Tarrow, estos cambios constituyen los incentivos más importantes para que nuevas fases de contienda política estallen.

Hemos visto que podemos salir a la calle y encontrar que otros se sienten como nosotros; que nuestras angustias y problemas no son exclusivamente nuestros y que, por lo tanto, no exigen respuestas individuales. Este es el primer paso para proceder colectivamente, afrontar los problemas conjuntamente y actuar contenciosamente por la constitución de nuevos modos de existencia y nuevas subjetividades.

Combatiendo vicios, creando y recreando repertorios, quizá podremos pensar en una sociedad global en movimiento, es decir, un movimiento social de escala global. Podremos poner, a escala planetaria, los diferentes poderes en movimiento.

(1) ‘Occupy’ anti-capitalism protests spread around the world” [en línea] http://www.guardian.co.uk/world/2011/oct/16/occupy-protests-europe-london-assange?newsfeed=true

(2) La presente lectura está basada en la tercera edición, de 2011, del libro de Sidney Tarrow Power in Movement. Social Movements and Contentious Politics. (Cambridge: Cambridge University Press)

(3) Ver nota mía al respecto en  https://mundoroto.wordpress.com/2011/07/27/%C2%BFresistencia-politica/

(4) Ver el libro de Charles Tilly Identities, Boundaries and Social Ties de 2005 (Boulder: Paradigm Publishers)

 

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