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Has Western Capitalism Failed? / ¿Ha fallado el Capitalismo Occidental?

06 Nov

HAS WESTERN CAPITALISM FAILED?

Twenty years ago, the fall of communism in Eastern Europe seemed to prove the triumph of capitalism. But was that an illusion? Constant shocks to the world’s financial system over the past few years prompted the BBC World Service’s Business Daily programme (22 September 2011) to ask leading figures whether they thought Western capitalism had failed.

Professor Tim Jacksom, Surrey University and author of Prosperity without Growth – Economics for a finite planet, answered:

The days of spending money we do not have on things we do not need to impress people we do not care about are over!”

Every society clings to a myth by which it lives. Ours is the myth of economic growth. For the last five decades, the pursuit of growth has been the single most important policy goal across the world. The global economy is five times the size it was half a century ago. If it continues to grow at the same rate it will be 80 times that size by the year 2100.

This extraordinary ramping up of global economic activity is without historical precedent. It is totally at odds with the finite resource base and the fragile ecology on which we depend for survival. Most of the time, we avoid the stark reality of these numbers. Growth must go on, we insist. The reasons for this collective blindness are easy enough to find.

Western capitalism is structurally reliant on growth for its stability. When growth falters – as it has done recently – politicians panic. Businesses struggle to survive. People lose their jobs and sometimes their homes. Questioning growth is deemed to be the act of lunatics, idealists and revolutionaries. Yet question it we must. The myth of growth has failed us. It has failed the two billion people who still live on less than $2 a day. It has failed the fragile ecological systems on which we depend for survival.

But economic crisis presents us with a unique opportunity to invest in change. To sweep away the short-term thinking that has plagued society for decades. To engage, for instance, in a radical overhaul of dysfunctional capital markets.

Untrammelled speculation in commodities and financial derivatives brought the financial world to the brink of collapse just three years ago. It needs to be replaced by a longer, slower sense of capital. Fixing the economy is only part of the battle. We also have to confront the convoluted logic of consumerism. The days of spending money we do not have on things we do not need to impress people we do not care about are over.

Living well is about good nutrition, decent homes, access to good quality services, stable communities, satisfying employment. Prosperity, in any meaningful sense of the word, transcends material concerns. It resides in our love for our families, the support of our friends, the strength of our communities, our ability to participate fully in the life of society, a sense of meaning and purpose in our lives.

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¿HA FALLADO EL CAPITALISMO OCCIDENTAL?

Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a gente que no nos interesa se acabaron!

Toda sociedad se aferra a un mito y vive por él. El nuestro es el del crecimiento económico. Las últimas cinco décadas la persecución del crecimiento ha sido el más importante de los objetivos políticos en el mundo. La economía global tiene cinco veces el tamaño de hace medio siglo. Si continúa creciendo al mismo ritmo, será 80 veces en el año 2100.

Este extraordinario salto de la actividad económica global no tiene precedentes en la historia. Y es algo que no puede estar más en desacuerdo con la base de recursos finitos y frágil equilibrio ecológico del que depende para su supervivencia. Y ya ha venido acompañado de una degradación estimada de un 60% de los ecosistemas del mundo.

La mayor parte del tiempo, evitamos la realidad de estos números. El crecimiento debe continuar, insistimos. “¡Acumulad!, ¡acumulad!, es lo que dicen Moisés y todos los profetas”, como dijo Karl Marx. Y no sólo por el bien de los países más pobres, donde (lo sabe el cielo) es desesperadamente urgente una calidad de vida mejor, sino en el opulento Occidente, donde el consumismo rampante amenaza el tejido de nuestra sociedad.

Las razones por esta ceguera colectiva son fáciles de encontrar. El capitalismo occidental se basa de forma estructural en el crecimiento para su estabilidad. Cuando la expansión se tambalea, como ha pasado recientemente, los políticos entran en pánico. Los negocios batallan por sobrevivir. La gente pierde sus trabajos y en ocasiones sus viviendas. La espiral de la recesión es una amenaza. Cuestionar el crecimiento se toma como un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios.

Ahora, cuestionarlo es un deber. El mito del crecimiento infinito ha fracasado, ha fracasado para 2.000 millones de personas que viven con menos de US$2 al día. Ha fracasado para el frágil sistema ecológico de cuya supervivencia depende. Ha fracasado, espectacularmente, en sus propios términos, para proveer estabilidad económica y asegurar la vida de las personas. La prosperidad para unos pocos, basada en la destrucción medioambiental y la persistente injusticia social, no es fundamento para una sociedad civilizada.


GDP Per Capita – PIB Per Cápita

Pero la crisis económica se nos presenta como una oportunidad única para invertir en el cambio, barrer las creencias en el beneficio a corto plazo que fueron una plaga durante décadas. Y para el compromiso, por ejemplo, en una reforma radical de las disfuncionales instituciones de los mercados de capitales. La especulación sin trabas en materias primas y derivados financieros llevó al mundo financiero al filo del colapso hace tres años. Es necesario que sea remplazado por un sentido de las finanzas más duradero y lento: inversión sólida en activos productivos, en tecnologías limpias de bajas emisiones de carbono, en salud y educación, en viviendas de calidad y en sistema de transporte eficientes, en espacios públicos abiertos. Es decir, inversión en el futuro de las comunidades.

El empresariado también debe ser revisado. Obtener beneficios a expensas de los contribuyentes es inmoral. La mano invisible del mercado debe ser domesticada y puesta al servicio del pueblo. Los ejecutivos más previsores de las empresas más visionarias ya entienden estas demandas. La empresa social está comenzando a prosperar en la economía post-crisis.

Arreglar la economía es sólo parte de la batalla. También tenemos que confrontar la lógica del consumismo. Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a personas que no nos importan deben terminar. Vivir bien es buena nutrición, un hogar decente, buenos servicios públicos, comunidad estable y un empleo satisfactorio.

La prosperidad, en todos los sentidos de la palabra, trasciende las preocupaciones materiales, reside en el amor de nuestras familias, el apoyo de nuestros amigos y la fuerza de nuestras comunidades, en nuestra capacidad para participar en la vida en sociedad, en tener un propósito para darle sentido a la vida. El desafío para nuestra sociedad es crear las condiciones para que hacer esto posible.

(Images from makingitmagazine.net, sd-commission.org.uk, designforeveryone.howest.be, guardian.co.uk, politicalclimate.net)

 

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