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Monthly Archives: January 2013

EL FONDO DE LA DISCUSIÓN ES SOBRE EL MODELO DE DESARROLLO


FORO DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO REGIONAL – PALABRAS FINALES

Francisco de Roux, SJ, Provincial de Colombia, Bogotá, 19 de diciembre de 2012

farc-marquez-dialogos-afp320Amigas y amigos:

Esta es una reflexión para nosotros, reunidos durante tres días para buscar los caminos de la paz desde la profundidad campesina y agraria de Colombia. Estas no son recomendaciones adicionales para Cuba. El mensaje para La Habana está listo. Lo hemos producido en tres días de diálogo y es muy bueno. Gracias a Naciones Unidas y a La Universidad Nacional. A Bruno Moro y Alejo Vargas. Ha sido un foro sobre DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO CON ENFOQUE REGIONAL.

El título plantea de una vez que lo que está en el fondo del diálogo participativo es la discusión sobre EL MODELO DE DESARROLLO. Porque el modelo que hemos tenido hasta ahora ha producido inequidad, está en el corazón del conflicto, tiene que ver con la migración salvaje del desplazamiento forzado, y tampoco ha logrado el crecimiento económico que se esperaba del campo. De hecho lo que Colombia está haciendo es discutir el modelo aunque se diga que no se puede discutir, que no es negociable. Lo que sí ha dejado claro este foro, es que nosotros NO TENEMOS QUE MATARNOS para discutir el modelo.

Y este es el único mensaje de estas palabras mías que quiero que llegue a La Habana. Es el grito de todas las víctimas. PAREN ESA GUERRA. Párenla de todos los lados. Párenla en toda Colombia, también en el sur, que no vaya a quedar el Putumayo sumergido en la guerra. No se levanten hasta que no pare el conflicto armado. Y cuando hayan parado corran el riesgo de venir acá, y dialoguemos sobre todos los cambios que tenemos que hacer todas y todas, para que la paz con justicia y sostenibilidad sea posible.

Lo que está en el fondo de esta discusión sobre el modelo, es la convicción de que EL DESARROLLO ES LA GENTE. Para decirlo negativamente. EL DESARROLLO NO ES: los millones de toneladas de aceite de palma que se extraigan, ni las de azúcar de caña, ni las de banano exportado, ni las millones de toneladas de carbón arrancadas al territorio. Eso puede ser un medio para el desarrollo, o un medio para destruir al ser humano.

Las personas somos seres humanos en una comunidad étnica, en una comunidad campesina, en una sociedad, en UNA CULTURA. Por eso el desarrollo es un asunto regional. Lo que se trata es de la posibilidad de vivir, todos y todas, sin exclusión, con la mayor plenitud posible, en armonía con la naturaleza en una región, la vida querida por un pueblo.

El desarrollo no es llegar a extraer el valor de una región, sino aumentar ese valor que se comparte entre todos. Para que me entiendan los empresarios aquí presentes, que han tenido el carácter ciudadano de oír el sentir de los campesinos y de hablar y ser respetados en esta búsqueda colectiva: el negocio no son las utilidades de sus empresas, el valor agregado primero que hay que ver no son sus ganancias, el negocio es el valor de la región. Eso es lo que escriben Porter y Kramer en un reciente artículo del Harvard Business Review como la nueva forma de productividad compartida: crear el valor de una sociedad. Y eso es paradójicamente la seguridad de sus empresas y su sostenibilidad, y su utilidad en el largo plazo.

Miremos el desafío ético que está en el fondo de estas conversaciones. No voy a hablar de ética religiosa. Voy a hablar de la ética que nos queda cuando aquí en Colombia ya no sirven para nada las teorías políticas, ni las ideologías, ni las explicaciones filosóficas, ni las morales públicas, y lo único que nos queda es la dignidad humana.

La dignidad es la experiencia profunda de que todas y todos tenemos que importarnos como personas, como familias, como pueblos. La dignidad que hemos visto en las mujeres y los hombres del campo que no se han dejado desplazar, ni perder sus cabildos, ni secuestrar. Los que se pararon sin armas frente a los que tenían poder y fusiles. Para defender algo que no podían entregar porque entonces no valían nada como seres humanos. Ustedes lo sienten y lo saben. La dignidad humana no se la debemos a nadie. No se la debemos al Estado, ni al Ejército. Ni a la las FARC, ni al ELN. No se la debemos a ningún político, ni a ningún empresario que nos dé empleo. La dignidad igual en todas y todos, absoluta en todas y todos, la tenemos simplemente porque somos seres humanos. Y la tenemos igual indígenas y negras y mestizos y blancas. Y no tiene más dignidad el que tenga más hectáreas o más vacas, o tenga armas, ni siquiera las armas del Estado. Todos los seres humanos tenemos igual dignidad.

Lo que hacemos con el desarrollo regional es establecer y acrecentar las condiciones para que las etnias, las comunidades campesinas y los pueblos rurales, y también los empresarios solidarios, puedan expresar su dignidad, celebrar su dignidad, compartir su dignidad, proteger su dignidad, vivir su dignidad como un pueblo quiere vivirla en una región.

Es así como se entienden muchas de las propuestas que se han escuchado en estas salas estos tres días. Me refiero a continuación a mi sentir de algunas de ellas: las zonas de reserva campesina, porque allí se protege a las comunidades de la voracidad del mercado que monopoliza las tierras en el latifundio y expulsa a los pobladores del campo; allí se producen alimentos eficientemente con el menor costo humano y ecológico y calidad; allí está la organización para que los campesinos puedan hacer valer sus derechos; allí se cultiva un sentido de responsabilidad con el medio ambiente; allí la decisión por la justicia es prevalente.

Temen algunos que las zonas de reserva campesina sean un instrumento para la llegada de la guerrilla al terminar el conflicto. Y me pregunto ¿qué puede haber mejor, terminado el conflicto armado, que tener territorios de producción de alimentos y protección de los bosques y los ríos, donde los excombatientes puedan llevar a la realidad lo que soñaron como justicia social y participación?

  • La autonomía de las etnias indígenas y de las comunidades negras y raizales, convertida en desarrollo regional desde los planes de vida y los planes etno-descendientes.
  • En las formas de seguridad que les son propias, que exigen la consulta previa, libre e informada, y el diálogo para que toda inversión minera o agroindustrial esté subordinada al valor de la vida en sus regiones.
  • La desaparición del paramilitarismo y las bacrines del campo.
  • La soberanía alimentaria, para garantizar la vida en los territorios.
  • La protección de los baldíos que son propiedad del Estado. Que si han de entregarse en propiedad es a las comunidades campesinas, indígenas, raizales y étnicas. Y el retorno al Estado de los baldíos que se volvieron latifundios y grandes empresas agrícolas.
  • La finca campesina de seguridad alimentaria de productos tropicales permanentes y la finca agroecológica. Que han probado que los pequeños campesinos, con organización, tecnología y crédito, en un escenario de mercado, pueden alcanzar igual o más productividad que las plantaciones en productos como caucho, frutales, búfalos, cacao y palma de aceite.
  • La titularidad de la tierra a las mujeres en las comunidades. A ellas, las que resistieron civilmente al terror y el silencio y mantuvieron el futuro.
  • El regreso de los jóvenes al campo, porque los jóvenes hoy se van. Que retornen al campo prestando un servicio social en lugar de servicio militar, y tengan en el campo computadores y correo electrónico, y se queden ocupando productivamente el territorio, con la educación propia que requieren las regiones.
  • La pequeña minería apoyada por el Estado y articulada con el cuidado de la naturaleza y con derechos en licencias confirmadas legalmente.
  • La desaparición de la cocaína, no de la coca ancestral, en este país que llegó a ser monopolio mundial del narcótico. Porque aquí la insurgencia, que peleó contra las multinacionales para defender la soberanía, contribuyó, con los paramilitares cocaleros, a que nos metiéramos en la multinacional de la mafia. La mafia, la multinacional más destructora de las soberanía. La promotora del mercado capitalista más perverso, donde las transacciones y los precios se definen a bala. Por eso la erradicación de la mafia.
  • La necesidad de parar las fumigaciones y en cambio el impulso decidido del desarrollo regional incluyente, con subsidios estatales al campesino excluido que tuvo que sobrevivir sembrando coca.
  • La redistribución productiva de las tierras para que regresen buena parte de los millones de hectárea de ganadería extensiva a la producción de alimentos. Y para redistribuir las tierras del latifundio improductivo.
  • La transformación del INCODER, con la esperanza de la nueva administración, que tiene rescatar para el desarrollo agrario regional la institución que quedó en manos de testaferros de ilegales y corruptos.
  • La presencia coherente de empresarios que traen al campo capital, tecnología, innovación, economías de escala, infraestructura básica, empleo. Y ponen esa presencia empresarial en formas industriales al servicio del valor regional definido por la vida querida y la dignidad de todos los pobladores del territorio.
  • La protección de los derechos, la seguridad y el desarrollo humano y sostenible de todas las regiones ante la locomotora minera.
  • El cambio de la Universidad para que llegue a las regiones rurales. La infraestructura para el campo en vías secundarías, terciarias y veredales, y el transporte multimodal.

PUDIERA SEGUIR ABUNDANDO sobre puntos que aquí se han presentado. Pero ustedes los conocen y están organizados para La Habana. En todos estos planteamientos hay siempre el desafío del desarrollo regional a partir de la dignidad humana. Un desarrollo orgánico, total, integral, que no es el desarrollo por sectores, sino de regiones, de gente, de naturaleza, decididos a vivir sin excluir a nadie.

Este mismo desarrollo integral plantea la responsabilidad de sentarnos todos los actores y actoras de un territorio. Juntos, campesinos y grupos étnicos, mujeres, pescadores y ribereños, empresarios y juntas de acción comunal, universidades y organizaciones; para decidir, participativamente, sobre el mapa de la región: cuáles son los bosques que se van a proteger, cuáles los bosques que van a ser productivos, cuáles los ríos y humedales que se van a cuidar, cuáles las tierras que se van a dedicar a la producción de la soberanía alimentaria, dónde se tendrán zonas de reserva campesina, cuáles las áreas que se van a dedicar a la producción campesina de productos tropicales permanentes, cuáles las que se van a dedicar a la agroindustria y bajo qué condiciones, y en cuáles y bajo qué restricciones se acepta minería grande, pero siempre desde la perspectiva del desarrollo regional, de la vida querida por la gente en armonía con el medio ambiente. En este diálogo regional se define si seremos o no capaces de vivir en paz.

Este enfoque regional integral donde la gente es primero, nos plantea un horizonte internacional nuevo, en un mercado abierto, porque, garantizado el futuro de nuestras regiones, podemos intercambiar excedentes con todo el mundo, en una globalización distinta de la globalización de las multinacionales; un mundo unido en la diferencia de regiones con calidad de vida, una globalización de la dignidad en armonía con la naturaleza.

El grito de las víctimas, cuya memoria es parte constitutiva de las culturas regionales, pide que la lucha legítima por el poder político para luchar por el bien del pueblo se separe de la guerra. No más Bojayás, ni secuestros, ni minas antipersonales, y no más los 170 mil asesinatos, casi todos de campesinos, que los paramilitares confesaron en justicia y paz, hechos en alianza con gente del poder político regional. Por eso, por nuestra dignidad, hay que sacar ya la violencia y la muerte de ejercicio de la política desde todos los lados y separar para siempre la política de la guerra.  (Los énfasis y subrayados son del original)

Imagen tomada de http://ntn24-img.s3.amazonaws.com/sites/default/files/imagecache/320×240/farc-marquez-dialogos-afp320.jpg

 

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Falleció Albert O. Hirschman


Albert Hirschman, economista heterodoxo y punto de referencia en el estudio de las Teorías del Desarrollo, falleció el pasado 11 de Diciembre a la edad de 97 años.

Les ofrecemos la nota que con motivo de su fallecimiento publicó el diario El País

Fotografía hecha en 1982, por Pablo Hojas
Albert Otto Hirschman (Berlín, 1915) nació en el seno de una familia judía de la burguesía alemana, aunque fue bautizado, al igual que sus hermanos, en la religión protestante. Una familia liberal y culta que sufre el ascenso del nacionalsocialismo en una Alemania humillada tras la I Guerra Mundial. Hirschman, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, falleció el 11 de diciembre a los 97 años.

Hasta 1941, los estudios básicos en Economía y las experiencias vitales y políticas ocuparon al joven Hirschman. En este sentido, sus directrices metodológicas y propuestas teóricas maduraron en estas primeras etapas de formación y movilización. En 1935 obtiene una beca para estudiar en la London School of Economics, donde conoce a relevantes intelectuales de la época como L. Robbins, K. R. Popper…

Tras su estancia londinense, vuelve a París en un periodo de ebullición política e intelectual animado por el estallido de la Guerra Civil española. La noche parisina se convertía en un gran café de debate, animado por Malraux, Sartre, Camus y enviados de prensa norteamericana de la envergadura de Hemingway. Poco después, Hirschman decide viajar a Barcelona y alistarse en las Brigadas Internacionales.

Respecto a sus pretensiones iniciales en incorporarse al frente, Hirschman cambia de opinión y con pasaporte inglés se traslada a Trieste (Italia) para presentar en 1938 su tesis doctoral. Posteriormente, se aproximará a la frontera con Francia con el propósito de enrolarse en el Ejército francés en el comité de rescate del general Varian Fry, que organizaba el paso por los Pirineos de refugiados que huían de la represión nazi.

Por ironías del destino, en las Navidades de 1941, fue el propio Hirschman, descubiertas sus actividades en el sur de Francia, quien tuvo que utilizar uno de los pasillos clandestinos para escapar, tras cruzar la Península, hasta Lisboa. Hirschman eligió Estados Unidos como país de refugio al que llega con una beca de la Fundación Rockefeller. De 1943 a 1946 fue, otra vez, movilizado, en esta ocasión por el Ejército norteamericano, y destinado al norte de África e Italia.

El itinerario académico y profesional de Albert Hirschman fue tan intenso como su etapa de formación y sus experiencias de guerra. Tras sus estancias de grado en La Sorbona y en la London School of Economics, se doctora en Economía por la Universidad de Trieste. El listado de instituciones donde profesó Hirschman desde 1941 es impresionante y forman parte no solo de los centros universitarios de mayor prestigio mundial, sino que las sucesivas estancias van marcando las prioridades analíticas en la investigación económica y la publicación de numerosos artículos especializados y de varias obras consideradas ya clásicas en el campo socioeconómico. Trabajó en las universidades de Berkeley, Yale, Columbia, Harvard, Stanford y Princeton, donde adquirió la condición de emérito en 1985, y tuvo plena actividad hasta mayo de 2007.

En Princeton, Albert Hirschman donó una gran parte de su archivo personal con materiales y notas de investigación que documenta su carrera académica en desarrollo económico, en temas latinoamericanos y en la labor desempeñada en el Banco Mundial. Este depósito acompaña a uno anterior, también de importancia para conocer las raíces convencionales de las teorías dualistas del desarrollo, legado por W. Arthur Lewis. La envergadura de su obra se puede ilustrar con el tamaño y riqueza del archivo depositado: 81 cajas que ocupan 35 metros de anaqueles universitarios de la Biblioteca de Manuscritos de Princeton.

Titular de una trayectoria contracorriente, desempeñada sin generar escuela ni discípulos hermeneutas; (auto)crítico sin complejos, Hirschman fue relegado paulatinamente a un segundo plano a medida que acumulaba una impresionante obra científica que ha sido, finalmente, reconocida por el Consejo de Investigación de la Ciencia Social de EE UU en 2009, año en que dicho centro establece un galardón científico anual en su honor.

Hay que destacar también la originalidad formal de los escritos de Hirschman: tributario de un pensamiento transdisciplinar, con continuas apelaciones autocríticas, su literatura es de difícil delimitación pues el ensayo, la autobiografía y las memorias, el estudio técnico o la crónica política se suceden ágilmente en cada una de sus publicaciones. Legado y lecciones de Hirschman que seguirán siendo fuente de inspiración para científicos sociales que estimen que su canon —más que el rasgo adscriptivo y singular de un determinado autor— es, simultáneamente, un modelo intelectual y un programa de investigación, quizás no el más cómodo pero, sin duda, el que plantea más desafíos.

Al igual que Joan Robinson, J. K. Galbraith o Celso Furtado, Albert Hirschman no logró el Nobel de Economía. No deja de ser, a esta altura del devenir académico y profesional de esta disciplina, un mérito adicional.

(José Ramón García Menéndez es profesor de Economía de la Universidad de Santiago de Compostela. (http://economia.elpais.com/economia/2012/12/25/actualidad/1356461906_284927.html)

 

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