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EL FONDO DE LA DISCUSIÓN ES SOBRE EL MODELO DE DESARROLLO

26 Jan

FORO DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO REGIONAL – PALABRAS FINALES

Francisco de Roux, SJ, Provincial de Colombia, Bogotá, 19 de diciembre de 2012

farc-marquez-dialogos-afp320Amigas y amigos:

Esta es una reflexión para nosotros, reunidos durante tres días para buscar los caminos de la paz desde la profundidad campesina y agraria de Colombia. Estas no son recomendaciones adicionales para Cuba. El mensaje para La Habana está listo. Lo hemos producido en tres días de diálogo y es muy bueno. Gracias a Naciones Unidas y a La Universidad Nacional. A Bruno Moro y Alejo Vargas. Ha sido un foro sobre DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO CON ENFOQUE REGIONAL.

El título plantea de una vez que lo que está en el fondo del diálogo participativo es la discusión sobre EL MODELO DE DESARROLLO. Porque el modelo que hemos tenido hasta ahora ha producido inequidad, está en el corazón del conflicto, tiene que ver con la migración salvaje del desplazamiento forzado, y tampoco ha logrado el crecimiento económico que se esperaba del campo. De hecho lo que Colombia está haciendo es discutir el modelo aunque se diga que no se puede discutir, que no es negociable. Lo que sí ha dejado claro este foro, es que nosotros NO TENEMOS QUE MATARNOS para discutir el modelo.

Y este es el único mensaje de estas palabras mías que quiero que llegue a La Habana. Es el grito de todas las víctimas. PAREN ESA GUERRA. Párenla de todos los lados. Párenla en toda Colombia, también en el sur, que no vaya a quedar el Putumayo sumergido en la guerra. No se levanten hasta que no pare el conflicto armado. Y cuando hayan parado corran el riesgo de venir acá, y dialoguemos sobre todos los cambios que tenemos que hacer todas y todas, para que la paz con justicia y sostenibilidad sea posible.

Lo que está en el fondo de esta discusión sobre el modelo, es la convicción de que EL DESARROLLO ES LA GENTE. Para decirlo negativamente. EL DESARROLLO NO ES: los millones de toneladas de aceite de palma que se extraigan, ni las de azúcar de caña, ni las de banano exportado, ni las millones de toneladas de carbón arrancadas al territorio. Eso puede ser un medio para el desarrollo, o un medio para destruir al ser humano.

Las personas somos seres humanos en una comunidad étnica, en una comunidad campesina, en una sociedad, en UNA CULTURA. Por eso el desarrollo es un asunto regional. Lo que se trata es de la posibilidad de vivir, todos y todas, sin exclusión, con la mayor plenitud posible, en armonía con la naturaleza en una región, la vida querida por un pueblo.

El desarrollo no es llegar a extraer el valor de una región, sino aumentar ese valor que se comparte entre todos. Para que me entiendan los empresarios aquí presentes, que han tenido el carácter ciudadano de oír el sentir de los campesinos y de hablar y ser respetados en esta búsqueda colectiva: el negocio no son las utilidades de sus empresas, el valor agregado primero que hay que ver no son sus ganancias, el negocio es el valor de la región. Eso es lo que escriben Porter y Kramer en un reciente artículo del Harvard Business Review como la nueva forma de productividad compartida: crear el valor de una sociedad. Y eso es paradójicamente la seguridad de sus empresas y su sostenibilidad, y su utilidad en el largo plazo.

Miremos el desafío ético que está en el fondo de estas conversaciones. No voy a hablar de ética religiosa. Voy a hablar de la ética que nos queda cuando aquí en Colombia ya no sirven para nada las teorías políticas, ni las ideologías, ni las explicaciones filosóficas, ni las morales públicas, y lo único que nos queda es la dignidad humana.

La dignidad es la experiencia profunda de que todas y todos tenemos que importarnos como personas, como familias, como pueblos. La dignidad que hemos visto en las mujeres y los hombres del campo que no se han dejado desplazar, ni perder sus cabildos, ni secuestrar. Los que se pararon sin armas frente a los que tenían poder y fusiles. Para defender algo que no podían entregar porque entonces no valían nada como seres humanos. Ustedes lo sienten y lo saben. La dignidad humana no se la debemos a nadie. No se la debemos al Estado, ni al Ejército. Ni a la las FARC, ni al ELN. No se la debemos a ningún político, ni a ningún empresario que nos dé empleo. La dignidad igual en todas y todos, absoluta en todas y todos, la tenemos simplemente porque somos seres humanos. Y la tenemos igual indígenas y negras y mestizos y blancas. Y no tiene más dignidad el que tenga más hectáreas o más vacas, o tenga armas, ni siquiera las armas del Estado. Todos los seres humanos tenemos igual dignidad.

Lo que hacemos con el desarrollo regional es establecer y acrecentar las condiciones para que las etnias, las comunidades campesinas y los pueblos rurales, y también los empresarios solidarios, puedan expresar su dignidad, celebrar su dignidad, compartir su dignidad, proteger su dignidad, vivir su dignidad como un pueblo quiere vivirla en una región.

Es así como se entienden muchas de las propuestas que se han escuchado en estas salas estos tres días. Me refiero a continuación a mi sentir de algunas de ellas: las zonas de reserva campesina, porque allí se protege a las comunidades de la voracidad del mercado que monopoliza las tierras en el latifundio y expulsa a los pobladores del campo; allí se producen alimentos eficientemente con el menor costo humano y ecológico y calidad; allí está la organización para que los campesinos puedan hacer valer sus derechos; allí se cultiva un sentido de responsabilidad con el medio ambiente; allí la decisión por la justicia es prevalente.

Temen algunos que las zonas de reserva campesina sean un instrumento para la llegada de la guerrilla al terminar el conflicto. Y me pregunto ¿qué puede haber mejor, terminado el conflicto armado, que tener territorios de producción de alimentos y protección de los bosques y los ríos, donde los excombatientes puedan llevar a la realidad lo que soñaron como justicia social y participación?

  • La autonomía de las etnias indígenas y de las comunidades negras y raizales, convertida en desarrollo regional desde los planes de vida y los planes etno-descendientes.
  • En las formas de seguridad que les son propias, que exigen la consulta previa, libre e informada, y el diálogo para que toda inversión minera o agroindustrial esté subordinada al valor de la vida en sus regiones.
  • La desaparición del paramilitarismo y las bacrines del campo.
  • La soberanía alimentaria, para garantizar la vida en los territorios.
  • La protección de los baldíos que son propiedad del Estado. Que si han de entregarse en propiedad es a las comunidades campesinas, indígenas, raizales y étnicas. Y el retorno al Estado de los baldíos que se volvieron latifundios y grandes empresas agrícolas.
  • La finca campesina de seguridad alimentaria de productos tropicales permanentes y la finca agroecológica. Que han probado que los pequeños campesinos, con organización, tecnología y crédito, en un escenario de mercado, pueden alcanzar igual o más productividad que las plantaciones en productos como caucho, frutales, búfalos, cacao y palma de aceite.
  • La titularidad de la tierra a las mujeres en las comunidades. A ellas, las que resistieron civilmente al terror y el silencio y mantuvieron el futuro.
  • El regreso de los jóvenes al campo, porque los jóvenes hoy se van. Que retornen al campo prestando un servicio social en lugar de servicio militar, y tengan en el campo computadores y correo electrónico, y se queden ocupando productivamente el territorio, con la educación propia que requieren las regiones.
  • La pequeña minería apoyada por el Estado y articulada con el cuidado de la naturaleza y con derechos en licencias confirmadas legalmente.
  • La desaparición de la cocaína, no de la coca ancestral, en este país que llegó a ser monopolio mundial del narcótico. Porque aquí la insurgencia, que peleó contra las multinacionales para defender la soberanía, contribuyó, con los paramilitares cocaleros, a que nos metiéramos en la multinacional de la mafia. La mafia, la multinacional más destructora de las soberanía. La promotora del mercado capitalista más perverso, donde las transacciones y los precios se definen a bala. Por eso la erradicación de la mafia.
  • La necesidad de parar las fumigaciones y en cambio el impulso decidido del desarrollo regional incluyente, con subsidios estatales al campesino excluido que tuvo que sobrevivir sembrando coca.
  • La redistribución productiva de las tierras para que regresen buena parte de los millones de hectárea de ganadería extensiva a la producción de alimentos. Y para redistribuir las tierras del latifundio improductivo.
  • La transformación del INCODER, con la esperanza de la nueva administración, que tiene rescatar para el desarrollo agrario regional la institución que quedó en manos de testaferros de ilegales y corruptos.
  • La presencia coherente de empresarios que traen al campo capital, tecnología, innovación, economías de escala, infraestructura básica, empleo. Y ponen esa presencia empresarial en formas industriales al servicio del valor regional definido por la vida querida y la dignidad de todos los pobladores del territorio.
  • La protección de los derechos, la seguridad y el desarrollo humano y sostenible de todas las regiones ante la locomotora minera.
  • El cambio de la Universidad para que llegue a las regiones rurales. La infraestructura para el campo en vías secundarías, terciarias y veredales, y el transporte multimodal.

PUDIERA SEGUIR ABUNDANDO sobre puntos que aquí se han presentado. Pero ustedes los conocen y están organizados para La Habana. En todos estos planteamientos hay siempre el desafío del desarrollo regional a partir de la dignidad humana. Un desarrollo orgánico, total, integral, que no es el desarrollo por sectores, sino de regiones, de gente, de naturaleza, decididos a vivir sin excluir a nadie.

Este mismo desarrollo integral plantea la responsabilidad de sentarnos todos los actores y actoras de un territorio. Juntos, campesinos y grupos étnicos, mujeres, pescadores y ribereños, empresarios y juntas de acción comunal, universidades y organizaciones; para decidir, participativamente, sobre el mapa de la región: cuáles son los bosques que se van a proteger, cuáles los bosques que van a ser productivos, cuáles los ríos y humedales que se van a cuidar, cuáles las tierras que se van a dedicar a la producción de la soberanía alimentaria, dónde se tendrán zonas de reserva campesina, cuáles las áreas que se van a dedicar a la producción campesina de productos tropicales permanentes, cuáles las que se van a dedicar a la agroindustria y bajo qué condiciones, y en cuáles y bajo qué restricciones se acepta minería grande, pero siempre desde la perspectiva del desarrollo regional, de la vida querida por la gente en armonía con el medio ambiente. En este diálogo regional se define si seremos o no capaces de vivir en paz.

Este enfoque regional integral donde la gente es primero, nos plantea un horizonte internacional nuevo, en un mercado abierto, porque, garantizado el futuro de nuestras regiones, podemos intercambiar excedentes con todo el mundo, en una globalización distinta de la globalización de las multinacionales; un mundo unido en la diferencia de regiones con calidad de vida, una globalización de la dignidad en armonía con la naturaleza.

El grito de las víctimas, cuya memoria es parte constitutiva de las culturas regionales, pide que la lucha legítima por el poder político para luchar por el bien del pueblo se separe de la guerra. No más Bojayás, ni secuestros, ni minas antipersonales, y no más los 170 mil asesinatos, casi todos de campesinos, que los paramilitares confesaron en justicia y paz, hechos en alianza con gente del poder político regional. Por eso, por nuestra dignidad, hay que sacar ya la violencia y la muerte de ejercicio de la política desde todos los lados y separar para siempre la política de la guerra.  (Los énfasis y subrayados son del original)

Imagen tomada de http://ntn24-img.s3.amazonaws.com/sites/default/files/imagecache/320×240/farc-marquez-dialogos-afp320.jpg

 

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One response to “EL FONDO DE LA DISCUSIÓN ES SOBRE EL MODELO DE DESARROLLO

  1. Anonymous

    30/01/2013 at 1:21 am

    Lastimosamente estas propuestas con sentido social vienen de gente que a hecho mucho daño a nuestra gente, que en su accionar perdió su horizonte y su objetivo; si en lugar de financiar tanta guerra hubieran financiado esta propuesta de desarrollo el caso serie diferente, pues las vidas robadas, marcadas y eliminadas provocan traumas y resentimientos imposibles de olvidar; todo el daño que han causado ni ellos mismo pueden valorarlo, se les salio de las manos. Pero también es bueno saber que pese a su mal proceder no perdieron el sueño que un día buscaron y que así sea al final e sus días le quede al menos proponer la construcción una Colombia mejor, para que las generaciones venideras tengan una oportunidad diferente a los que ahora padecen las represalias de buen ideal con mal procedimiento. Se rescata la propuesta ojala el gobierno sea sensato y al menos la tenga en cuenta.

     

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