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Desarrollo Sostenible: Confusiones y Amnesias

26 May

BLOGS Actualidad – EL ESPECTADOR

http://blogs.elespectador.com/embrollodeldesarrollo/2013/05/17/desarrollo-sostenible-confusiones-y-amnesias/

Embrollo del Desarrollo (17 Mayo, 2013)

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DESARROLLO SOSTENIBLE: CONFUSIONES Y AMNESIAS

Por: Eduardo Gudynas

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Es un lugar común indicar que el concepto de desarrollo sostenible implica algún tipo de relación armoniosa entre el desarrollo y el ambiente. Pero a medida que el término se popularizó, también aparecieron usos cada vez más diversos, e incluso contradictorios. No sólo eso, sino que la propia historia de la idea de desarrollo sostenible parece estar perdiéndose. Es una mezcla de amnesia y confusión. Dos malentendidos muy repetidos dejan esto en evidencia: indicar que la idea de desarrollo sostenible surgió en 1987, y que la definición esencial descansa en las responsabilidades con las generaciones futuras. Es necesario aclarar estas confusiones y superar la amnesia.

La confusión y la amnesia

En efecto, es muy común que se diga que el concepto de desarrollo sostenible (o sustentable), apareció en 1987 en el reporte “Nuestro Futuro Común” a cargo de la Comisión Mundial en Medio Ambiente y Desarrollo. Aquella comisión desempeñó un papel clave en los debates ambientales de fines de la década de 1980 (con un rol destacado de una colombiana, Margarita Marino de Botero). Su reporte también es conocido como informe Brundtland (en referencia al apellido de la coordinadora de esa comisión).

También es muy frecuente afirmar que en ese reporte se entiende que el desarrollo sostenible es asegurar la calidad de vida actual sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras. Se indica que el elemento clave del concepto es una cierta responsabilidad con el futuro.

Es necesario adelantar que estas dos ideas, sobre la creación del concepto en 1987, y que éste es sobre todo un compromiso transgeneracional, están erradas. Sin embargo se vuelve más y más común encontrar ese tipo de dichos, desde artículos académicos a los planes de acción gubernamental, desde programas de Naciones Unidas a las demandas de las ONGs.

Aclaremos entonces el asunto.

Primera aclaración: el origen del concepto

En primer lugar, la elaboración de ideas sobre la “sustentabilidad”, y sobre cómo ese componente obliga a redefinir el “desarrollo”, se diversificó desde mediados de la década de 1970. Recordemos que el origen del concepto de “sustentabilidad” viene de la biología de las poblaciones, y hacía referencia, por ejemplo, a la tala sostenible en la forestería, o la pesca sostenible. Se hablaba de la extracción “sostenible” de recursos naturales.

La primera conceptualización a nivel internacional, y acordada con la participación de una agencia de Naciones Unidas, tuvo lugar en 1980. Ocurrió con la Primera Estrategia Mundial de la Conservación, elaborada por dos grandes organizaciones ambientalistas y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El camino elegido se basó en redefinir el desarrollo, y por el otro lado, en defender que para que éste fuese sostenible, debía incorporar los aspectos ambientales.

Mi punto es que el concepto de desarrollo sostenible es mucho más anterior a 1987, que existieron otros documentos internacionales que presentaron definiciones, y que los elementos esenciales de la discusión vienen al menos de la década de 1970.

Segunda aclaración: los contenidos del concepto

La definición de desarrollo sustentable es en todos los casos compleja, tiene varios componentes que a su vez atienden a distintas dimensiones. No puede reducirse a un único elemento. Es más, en el propio informe Bruntdland se encuentra una definición que es mucho más compleja que una mera referencia a las generaciones futuras.

Repasemos la definición original de 1987 de “Nuestro futuro común”: “Está en manos de la humanidad hacer que el desarrollo sea sostenible, es decir, asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias. El concepto de desarrollo sostenible implica límites, no límites absolutos, sino limitaciones que imponen a los recursos del medio ambiente el estado actual de la tecnología y de la organización social y la capacidad de la biósfera de absorber los efectos de las actividades humanas, pero tanto la tecnología como la organización social pueden ser ordenadas y mejoradas de manera que abran el camino a una nueva era de crecimiento económico”.

Si se lee esta definición con atención, se encontrará que hay varios elementos en juego. Se encuentra el compromiso con las generaciones futuras, pero enseguida se abordan los límites al desarrollo. Obsérvese que se acepta que existen límites a la idea clásica del desarrollo (casi siempre entendida como un crecimiento continuado), pero inmediatamente se indica que éstos son relativos. Esta relatividad se encuentra en los casos donde esos límites son manejables por tecnologías como la organización social. En cambio, los límites ecológicos son más rígidos, dependen de las condiciones de los ecosistemas, y no pueden ser modificados.

Esa diferenciación entre límites, donde unos pueden ser manejados socialmente, y otros son ecológicos, responden a un debate lanzado a inicios de la década de 1970 con los primeros estudios que alertaban sobre la imposibilidad del desarrollo como un crecimiento perpetuo.

El reporte Brundtland avanza unos pasos más, al decir que el manejo de esos límites puede abrir las puertas a una nueva era de crecimiento económico. Esto fue el fenomenal viraje de aquel reporte: por un lado reivindica compromisos con el futuro y reconoce los límites ecológicos, pero por el otro lado defiende la gestión humana, para desembocar, una vez más, en la creencia del crecimiento como desarrollo. Una vez más triunfó el mito del crecimiento perpetuo.

Como la definición de sustentabilidad de 1987 incluye todos esos componentes, dejó contentos a muchos. Los que reclamaban los compromisos morales citaban una y otra vez la referencia a las generaciones futuras, los conservacionistas subrayan los límites ecológicos, y los actores más convencionales respiraron aliviados con la referencia final al crecimiento.

Estas ambigüedades explican la amplia difusión de esa forma de entender el desarrollo sostenible. Es citado y usado por muy diversos actores, con distintos objetivos, y diferentes perspectivas. Al día de hoy, la sustentabilidad se ha diversificado en varias corrientes que interpretan de distinta manera las articulaciones económicas o el concepto de Naturaleza, donde unas posiciones son muy conservadoras y otras pueden ser muy radicales. Por lo tanto, la clave no radica en invocar el concepto de desarrollo sustentable, sino en desentrañar las posturas que se encierran detrás de esa etiqueta.

Información adicional: elementos claves sobre el concepto, y sobre su diversificación en varias corrientes en los últimos años se discuten en el siguiente texto – descargar…

Publicado el 17 de mayo de 2013. Este es un espacio participativo; aportes, críticas y reacciones, escríbame a: embrollodeldesarrollo(arroba)gmail.com

 

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