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Category Archives: Conflicto/ Guerra

Potencialidades para la Paz – CINEP


Paz a bordo

El Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP) produjo y publicó en octubre del 2016, el resultado de una investigación comparada sobre las “Potencialidades para la Paz de las Organizaciones Sociales en tres municipios afectados por el Conflicto Armado” refieriéndose especificamente a San Vicente del Caguán (Caquetá), La Macarena (Meta) y Tumaco (Nariño).

Acceda al informe completo, con el enlace que encontrará al final de la tabla de contenidos.

CONTENIDO

Nota introductoria
Principales hallazgos de un estudio comparado
Introducción
Consideraciones analíticas y metodológicas
– Dimensiones y variables para la comparación subnacional
Hallazgos y resultados de investigación
– Inserción de las FARC y dinámicas del conflicto armado
– Dinámicas del conflicto armado en los tres municipios
– Economía cocalera
– Las organizaciones sociales de base
Implicaciones de política pública
Bibliografía
Anexos

Potencialidades para la paz de las organizaciones sociales de base en San Vicente
del Caguán, Caquetá
Introducción
Condiciones iniciales y emergencia del conflicto
Una zona en disputa: dinámicas e impactos del conflicto
El papel de las organizaciones comunitarias, sociales y gremiales
– Las Juntas de Acción Comunal
– Organizaciones sociales de segundo nivel
– Organizaciones gremiales
Implicaciones de política pública
Bibliografía

Potencialidades para la paz de las organizaciones sociales de base en La Macarena,
Meta
Introducción
Condiciones iniciales y emergencia del conflicto
Una zona de retaguardia: dinámicas e impactos del conflicto
– Organizaciones gremiales
El papel de las organizaciones comunitarias y sociales
– Las Juntas de Acción Comunal
– Organizaciones sociales de segundo nivel
Implicaciones de política pública
Bibliografía

Potencialidades para la paz de las organizaciones sociales de base en Tumaco,
Nariño
Introducción
Condiciones iniciales y emergencia del conflicto
Una zona de disputa: dinámicas e impactos del conflicto
El papel de las organizaciones comunitarias y sociales
– Movilización social
– Los consejos comunitarios
– Nuevas formas organizativas
Implicaciones de política pública
Bibliografía

¿Cómo potenciar órdenes locales para construir la paz en Colombia?
Recomendaciones y rutas de acción
Potenciar las capacidades existentes
Articular las capacidades sociales y comunitarias al estado local y nacional
Recuperar los vacíos de poder de manera diferencial

Bibliografía

Acceda al texto completo aqui CINEP – Potencialidades para la paz

(Imagen tomada de http://www.colombiainforma.com)

 

 

 

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La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes – Arturo Gonzalez V.


Tomado de la Deutsche Welle

“La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes”

El documental “Llévate mis amores” aborda la migración desde la perspectiva de Las Patronas, mujeres mexicanas que ayudan a los migrantes. DW habló con su director, Arturo González Villaseñor.

DW: ¿Cómo nace su documental?

Arturo González Villaseñor: La idea era reactivar una radio comunitaria en el Estado de Veracruz. Nos enteramos que había mujeres que lanzan comida a los migrantes para ayudarlos y se organizan para juntar pan y botellas de agua. Nos pareció muy interesante acompañarlas y fue así como un día reunimos víveres y nos fuimos a conocerlas.

Más información:

Deportaciones de migrantes: “Se gesta movimiento por los derechos”

Aguayo: “México no atiende a las víctimas”

¿Y cómo le fue con Las Patronas?

Fue muy impactante conversar con ellas, darles lo que habíamos llevado y ver cómo preparaban los alimentos. Sin embargo, todavía no captábamos cómo era realmente la entrega hasta que fuimos con ellas a las vías del tren. Me partió el alma estar ahí y sentí alegría por poder ayudar a los migrantes, pero también sentí enojo por darme cuenta de lo que estaban pasando esas personas y que las autoridades ignoraran la situación. Seis meses después regresamos al pueblo. Viendo la vida de Las Patronas y los migrantes decidimos contar la historia en una película.

¿Cuál es el mensaje de la película?

Nosotros no queríamos hacer una cinta para denunciar lo que Las Patronas hacen ni para cuestionar la falta de compromiso del espectador. Lo que queríamos era expresar lo que ellas nos hacían sentir, lo que se siente al preparar la comida, al aventarla a los migrantes, lo que se siente al caminar con la abuela, convivir con los migrantes. Creo que es una película que habla de los sentimientos y ese fue nuestro motivo para hacerla.

¿Conocía antes la problemática de la migración hacia Estados Unidos?

Como comunicador social leo mucho sobre política y el papel de los medios. Sabía que migrantes centroamericanos atraviesan México en un tren llamado “La Bestia”. Lo que no sabía era lo que se sentía emprender un viaje y vivir en carne propia lo que leía todos los días. El hecho de estar frente a un tren enorme que carga migrantes y a un momento dado ver y sentir cómo se cruzan las manos de ellos con las de las personas que les dan la comida, eso era algo que yo no había vivido y mucho menos la intensidad y la delicadeza con que Las Patronas hacen su labor.

¿Diría entonces que en México sí se conoce la problemática de la migración?

¡No, no! Tampoco creo que se conozca. En las proyecciones de la película la gente no conocía el tema y mucho menos a Las Patronas. Además, los principales medios de comunicación desinforman. Lo poco que se dice es que son ladrones o delincuentes, que vienen a robarles el trabajo a los mexicanos; que pertenecen a grupos criminales. La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes y no ayuda a comprender el motivo de su tránsito, que va desde lo económico, político y social hasta lo natural.

¿Hay diferencias en la recepción de la gente de Estados Unidos y de Europa?

Sí, hubo diferencias. Me sorprendió que en Europa cada persona tuviera una opinión distinta. La película no dictaba lo que cada uno debía sentir, sino que en cada uno reaccionaba diferente. Por ejemplo, una española en Edimburgo dijo que ella había tenido que migrar después de la crisis de 2008 y que la película le había generado una necesidad de volver a su país y abrazar a su familia. Otra gente estaba enojada porque las autoridades no hacen nada. Otros se llenan de esperanza viendo que unas mujeres desde un pueblo tan pequeño trataban todos los días de cambiar el mundo. También había personas motivadas, con ganas de hacer algo para ayudar a la gente necesitada en sus propias comunidades.

¿Y en Estados Unidos?

En Estados Unidos la película atrae, sobre todo, a latinoamericanos, y fue muy sorprendente ver cómo la película les recordaba su propia emigración y cuando recibieron esas botellas de agua en el camino. Uno veía que esos migrantes habían cumplido su cometido, que habían logrado salir adelante.

Actores y directores mexicanos como Gael García y Alejandro González Iñárritu han realizado películas sobre el tema. ¿Qué impacto ha tenido su documental y hacia dónde espera dirigir su cine?

No me siento con el derecho de opinar sobre el impacto. No sé qué tan lejos llegue la película. Sin embargo, los espectadores nos han dicho que la película sirve para concientizar, para que los jóvenes sepan dónde viven, para descubrir quiénes son estas mujeres. Y tienen toda la razón. Una vez se estrena la película esta deja de ser nuestra y el público se apropia de ella. El público es quien le hace su camino. Yo más que querer seguir luchando por el tema de los migrantes, siento más bien que gracias a esta película encontré hacia dónde voy a dirigir el cine que quiero seguir haciendo, un cine social que refleje nuestro entorno o nuestra sociedad como seres humanos.

Santiago Ospina García (DZC)

DW recomienda

 

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La Invención del Tercer Mundo – Arturo Escobar


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El “desarrollo”: un discurso político, sin saliva… (Calle 13)


PARA SU DISFRUTE!!

 

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Sacrificar los Derechos en nombre del Desarrollo – Amnistía Internacional


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INTRODUCCIÓN

[H]ay muchos recursos sin uso que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad […] o por la ley del perro del hortelano, que reza: ‘Si no lo hago yo, que no lo haga nadie’.‛1

Puede haber retórica bonita que […] repiten ciertos dirigentes indígenas. […] No podemos mantener [esas] posiciones extremistas. No podemos ser mendigos sentados en un saco de oro. Esos fundamentalismos, esos dogmatismos tan solo nos inmovilizan.‛2

Pienso que cuando se habla de un proyecto de tal envergadura, probablemente deberían discutirse las cosas con más calma. […] No creo que ningún gobierno democrático pretenda acarrear problemas a sus pueblos indígenas. Los peor que pueden hacer [los órganos de derechos humanos] es agravar la cuestión, tratándolos [a los pueblos indígenas] como víctimas, como víctimas de dictaduras.‛3

Quieran o no quieran vamos a construir ese camino [que atraviesa territorio indígena].‛4

Lo que precede sirve para ilustrar la forma en que algunos presidentes y líderes regionales americanos, de todo el espectro político, hablan de los derechos y de la lucha de los pueblos indígenas. La falsa y peligrosa dicotomía entre desarrollo y derechos de los pueblos indígenas es habitual en el continente. Se trata de una creencia basada en la falaz premisa de que los proyectos de la industria extractiva o de otro tipo, que multiplican la riqueza y son, por tanto, favorables a los intereses nacionales, no deben verse “obstruidos” por los pueblos indígenas, que son “sólo” una pequeña parte de la población. En consecuencia, cuando las comunidades indígenas se organizan para pedir que se respeten sus derechos, el Estado y otros agentes las acusan de bloquear el crecimiento de todo el país.

Este tipo de respuesta tiene consecuencias demoledoras sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas de la región. Como ponen de manifiesto los casos documentados por Amnistía Internacional en la región, frecuentemente al aprobar leyes y poner en marcha proyectos no se respeta el derecho de los pueblos indígenas a ser consultados y a dar su consentimiento libre, previo e informado. Estos casos son sólo la punta del iceberg de lo que constituye una tendencia regional.5 Habría sido posible evitar violaciones de derechos humanos, conflictos sociales y, en ocasiones, incluso enfrentamientos violentos entre los pueblos indígenas y las fuerzas de seguridad si los Estados se hubieran ceñido a su obligación de celebrar consultas antes de llevar a cabo proyectos de desarrollo. Además, los líderes indígenas y las personas pertenecientes a esas comunidades se enfrentan a procesos penales por cargos que se diría desproporcionados y que parecen responder a motivos políticos.6 Es más, en muchos países los pueblos indígenas siguen encontrando numerosos obstáculos cuando piden que se reconozcan legalmente sus derechos sobre sus tierras ancestrales. En muchos países, funcionarios estatales los desalojan por la fuerza o los amenazan continuamente con desalojarlos.7 Líderes indígenas y miembros de comunidades a menudo son víctimas de amenazas, intimidación y, en ocasiones, homicidio en conflictos relacionados con sus tierras. Estos conflictos usualmente involucran tanto a actores estatales como no estatales. Estos últimos están frecuentemente interesados en las tierras de los pueblos indígenas para dedicarlas a iniciativas comerciales.

Las violaciones de derechos descritas son consecuencia de una arraigada actitud discriminatoria hacia los pueblos indígenas de América y de rechazo a su peculiar modo de ser, de ver el mundo y de comportarse que los actuales Estados democráticos han heredado de la historia y no han sabido neutralizar. Para acceder el libro completo sacrificar-los-derechos-en-nombre-del-desarrollo-los-pueblos-indigenas-de-america-bajo-amenaza-anmistia-internacional

_________________________

(1)  Alan García, presidente de Perú (2006-2011), El Comercio, 28 de octubre de 2007.
(2)  Rafael Correa, presidente de Ecuador, Discurso en la Cumbre Presidencial y de Autoridades Indígenas y Afrodescendientes de la         ALBA, Otavalo, 25 de junio de 2010.
(3)  José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de los Estados Americanos, BBC Brasil, 4 de mayo de 2011.
(4)  Evo Morales, presidente de Bolivia, La Razón, 30 de junio de 2011.

 

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SI A LOS ACUERDOS DE PAZ!!


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Carta de los campesinos del macizo colombiano sobre los retos de construir paz en el campo

*Fernando Cortez  (Columnista invitado Integrante del Proceso Campesino y Popular del Municipio de la Vega)

León Gieco escribió: “solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente”, y los tiempos presentes y venideros obligan a que la Paz tampoco lo sea, a que exista en el pueblo colombiano un compromiso más allá de la aprobación o rechazo de lo acordado en los diálogos de La Habana.

Tal compromiso los campesinos del Macizo Colombiano (campesino entendido no como el mero trabajador del campo, sino como quien guarda y tiene una relación directa y especial con la tierra y la naturaleza) lo tenemos y cumplimos a cabalidad día a día, pues todo acto político y social hecho desde y por nosotros -individual y colectivamente- es una apuesta a tiempos de paz, ya que sabemos que los retos no terminan ahí: en las urnas.

Debemos ser conscientes de que estamos frente a un momento decisivo en la historia del campesinado colombiano especialmente, pues la paz y la guerra inician o acaban en el mismo sitio donde germina la semilla o se marchita la flor.  

El panorama después del cese del fuego no es nada alentador: hasta el día 12 de septiembre ya iban 13 líderes campesinos asesinados, 12 de ellos habitantes del suroccidente colombiano. De igual modo, al acecho están los monstruos con sus garras en forma de retroexcavadoras, con sus fusiles a la espera, con los ojos alucinados viendo la inmensa montaña colombiana. Esto no solo demuestra la magnitud de los retos que se están asumiendo, también es la prueba de que por las manos de los campesinos, innegablemente, pasa la paz, que es necesario darnos la importancia que merecemos, brindarnos garantías que protejan nuestra vida y la de los nuestros, construir desde la tierra una paz estable y duradera, una que no lastime la dignidad ni la memoria por la que tanto luchamos.

Debe haber en los colombianos una propensión a la esperanza, a la querencia y a la convicción de que vendrán mejores tiempos, y el ánimo de caminar hacia una Colombia mejor, de lo contrario lo que se acuerde será un papel firmado que quedará en alguna gaveta como el recuerdo de que alguna vez estuvimos a punto de construir esa Paz Maciza que tanto reclama el futuro.

No nos debe enceguecer la promesa de un país en paz cual paraíso. No. No hay que bajar la guardia, persigamos la paz con pasos firmes. Preguntémonos ¿qué tipo de paz queremos? ¿La paz de quienes hicieron la guerra dando la espalda a la realidad de quienes siempre la reclamaron? ¿Qué lenguaje adoptamos? ¿El del que la promulga, pero a la vez en su lógica guarda la promesa de nuevos conflictos? ¿O la del campesino mutilado, la del negro expropiado, la del indígena maltratado, la del trabajador explotado? ¿Cuál es la voz que hemos de escuchar para enrutarnos a la paz definitiva, duradera y verdadera.

Porque, aunque se firme, poco es lo escrito. Aun hay niños mendigando en las calles, connacionales lejos de su tierra, familias sin techo y, lo más grave, colombianos viviendo en un país que no merecemos: un país en guerra.

Los campesinos del Macizo Colombiano exigimos no solo el final de las detonaciones de las balas, sino también el de los tacos de dinamita agrietando nuestras lomas. Exigimos el derecho a la vida y todo lo que ello implica: ser soberano desde nuestras cocinas, pasando por huertas, hasta nuestro futuro; poder beber agua limpia y tener poder sobre ella y su preservación; exigimos nuestro campo libre de actores armados; exigimos que nadie nos escriba el destino: esa tarea nos corresponde… exigimos no morir la muerte de vivir como extranjeros en una tierra que es nuestra; exigimos poder reproducir el milagro de la vida desde nuestras parcelas en paz.

Decimos sí a la paz, pero nos negamos a que se sigan feriando nuestros ríos, nuestras montañas como si la vida fuese algo que se reparte entre multinacionales hambrientas. Le decimos sí a la paz que libera, y nos comprometemos a seguir luchando por conseguirla.

Para que la semilla germine, para que los ríos corran, para que los pájaros canten y nuestros niños rían, para que la vida pueda ser fecunda decimos sí a la paz. Porque a nosotros la guerra nunca nos fue indiferente, la miramos a los ojos, dormimos con ella, recorrió nuestras trochas, jodió nuestros cultivos, quiso mutilar nuestra esperanza y no pudo, la combatimos con pala, azadón, machete, semilla y corazón.

Ya es tiempo de sembrar la paz en nuestros campos: la luna ya está buena, el caballo ya está ensillado, nos terciamos el machete, ya nos tomamos el tinto… cesó la horrible noche. Llegó el amanecer que tanto reclamábamos. Nos vamos a seguir trabajando por ella.

*Fernando Cortez  @Fernandocorttez

(Tomado de El Espectador, 30 septiembre, 2016)

 

 

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¿Los disidentes somos desadaptados?


Tomado de “Conversar, sentir y pensar” publicado el 14.08.15

Cualquier coincidencia con nuestra vida diaria…

Había un mundo feliz en el que las máquinas no terminaban en la palanca o el teclado si no que de ellas hacía parte también el operario y el oficinista, la producción controlaba a estos humanos como periféricos de los aparatos a los que estaban conectados y cada ocho horas tenían relevos en los turnos de trabajo.

Para lograr que las ganancias siempre se acrecentaran era necesario contar con personas dispuestas a la eficiencia por encima de todo y esto se lograba maravillosamente; era el resultado de siglos de cambio cultural centrado en las aspiraciones del individuo, el descrédito de lo comunitario y la conversión del egoísmo en el mayor valor para guiar la sociedad.

automata1Desde muy chicos en sus hogares les transmitían que al ser adultos serían valorados por sus ingresos y la manera de gastarlos en centros comerciales, automóviles, bisturís, parejas y otras deslumbrantes mercancías.

El sistema era eficiente, los padres impulsaban a sus hijos a ser siempre los primeros en la carrera de triciclos, en el equipo de fútbol, en las notas escolares, repetían: sólo sirve ser el primero, los demás son perdedores. El principal motivo para elegir que aprenderían sus pequeños era el cuanto ganarían en sus oficios de adultos.

Los estudiantes insistían y lograban que los profesores fueran prácticos, divertidos, ligeros y que no los perturbaran con esas tediosas teorías que explicaban los fenómenos y las causas; la sociedad había avanzado y fue aceptado como pilar de la enseñanza que no era importante aprender a sumar ya que la calculadora había rescatado a la humanidad de ese farragoso asunto.

La educación había sabido responder de manera satisfactoria a la crítica frecuente del mundo productivo que la acusaba de no conectarse con las necesidades de la ganancia; por fortuna habían sido relegadas a su mínima expresión las humanidades, el arte y la música; la academia lograba operarios específicos, oficinistas repetitivos, directores sin liderazgo, médicos sin pacientes pero con clientes, agrónomos sin campesinos pero con rentabilidad; la eficiencia había sido lograda.

En el trabajo les decían que llegaban a una gran familia, leían los valores éticos de la empresa, comprendían con ilusión que debían estar disponibles para cuando los necesitaran, que trabajar tiempo extra sin paga era un gesto de compromiso; en diez años ya habían tenido igual cantidad de empleos; pero eso no importaba, desde su más tierna edad habían sido formados para vivir en la incertidumbre del contrato, en la precariedad del suelo y en las necesidades de del servicio.

En las charlas de motivación con la sicóloga de la empresa les recordaban que eran un equipo y debían ayudarse; en las reuniones de trabajo y cumplimiento de metas se les exigía competir todos contra todos; el sistema funcionaba bien, ya en esta etapa de la vida contaban con la ventaja firme de ni siquiera notar las contradicciones.

Para bienestar general los momentos de ocio eran pocos, los niños tomaban ocho cursos adicionales a sus labores escolares, los adultos usaban casi todo su tiempo en el trabajo y transporte diario.

La diversión más frecuente era matar el tiempo libre desde alguna pantalla que le evitará dar vida a la conciencia de si mismo; también ya se había superado esa época primitiva de ser hincha de un equipo local y ya todos compraban camisetas y abalorios de uno o dos equipos grandes del universo con los cuales se conectaban a través de la televisión.

Estaba en vía de superación esa atávica costumbre de conversar con el vecino, mirar la cara del interlocutor y aún la peor: dirigirle la palabra a otros en los sitios comunes donde pudieran coincidir.

La inteligencia se evidenciaba en la capacidad para hacer buenas compras un día de promoción; en la habilidad para la gimnasia bancaria y las acrobacias con los días de cierre de las tarjetas de crédito.

Esta sociedad era feliz, exhibían los objetos y el oropel que sus padres y abuelos nunca habían soñado, sabían cuál era la última tontería del artista de moda, contaban con una dosis diaria de me gusta en sus cuentas sociales y estaban seguros que no había límites en y para el planeta.

Un disidente dice que protegidos por sus sábanas duermen mal, se sienten solos y frustrados, ¡Sólo es un desadaptado!

14.08.15 (Imagen tomada de http://www.pijamasurf.com)

 

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