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Category Archives: Corporaciones Transnacionales

La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes – Arturo Gonzalez V.


Tomado de la Deutsche Welle

“La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes”

El documental “Llévate mis amores” aborda la migración desde la perspectiva de Las Patronas, mujeres mexicanas que ayudan a los migrantes. DW habló con su director, Arturo González Villaseñor.

DW: ¿Cómo nace su documental?

Arturo González Villaseñor: La idea era reactivar una radio comunitaria en el Estado de Veracruz. Nos enteramos que había mujeres que lanzan comida a los migrantes para ayudarlos y se organizan para juntar pan y botellas de agua. Nos pareció muy interesante acompañarlas y fue así como un día reunimos víveres y nos fuimos a conocerlas.

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¿Y cómo le fue con Las Patronas?

Fue muy impactante conversar con ellas, darles lo que habíamos llevado y ver cómo preparaban los alimentos. Sin embargo, todavía no captábamos cómo era realmente la entrega hasta que fuimos con ellas a las vías del tren. Me partió el alma estar ahí y sentí alegría por poder ayudar a los migrantes, pero también sentí enojo por darme cuenta de lo que estaban pasando esas personas y que las autoridades ignoraran la situación. Seis meses después regresamos al pueblo. Viendo la vida de Las Patronas y los migrantes decidimos contar la historia en una película.

¿Cuál es el mensaje de la película?

Nosotros no queríamos hacer una cinta para denunciar lo que Las Patronas hacen ni para cuestionar la falta de compromiso del espectador. Lo que queríamos era expresar lo que ellas nos hacían sentir, lo que se siente al preparar la comida, al aventarla a los migrantes, lo que se siente al caminar con la abuela, convivir con los migrantes. Creo que es una película que habla de los sentimientos y ese fue nuestro motivo para hacerla.

¿Conocía antes la problemática de la migración hacia Estados Unidos?

Como comunicador social leo mucho sobre política y el papel de los medios. Sabía que migrantes centroamericanos atraviesan México en un tren llamado “La Bestia”. Lo que no sabía era lo que se sentía emprender un viaje y vivir en carne propia lo que leía todos los días. El hecho de estar frente a un tren enorme que carga migrantes y a un momento dado ver y sentir cómo se cruzan las manos de ellos con las de las personas que les dan la comida, eso era algo que yo no había vivido y mucho menos la intensidad y la delicadeza con que Las Patronas hacen su labor.

¿Diría entonces que en México sí se conoce la problemática de la migración?

¡No, no! Tampoco creo que se conozca. En las proyecciones de la película la gente no conocía el tema y mucho menos a Las Patronas. Además, los principales medios de comunicación desinforman. Lo poco que se dice es que son ladrones o delincuentes, que vienen a robarles el trabajo a los mexicanos; que pertenecen a grupos criminales. La desinformación alimenta el odio hacia los migrantes y no ayuda a comprender el motivo de su tránsito, que va desde lo económico, político y social hasta lo natural.

¿Hay diferencias en la recepción de la gente de Estados Unidos y de Europa?

Sí, hubo diferencias. Me sorprendió que en Europa cada persona tuviera una opinión distinta. La película no dictaba lo que cada uno debía sentir, sino que en cada uno reaccionaba diferente. Por ejemplo, una española en Edimburgo dijo que ella había tenido que migrar después de la crisis de 2008 y que la película le había generado una necesidad de volver a su país y abrazar a su familia. Otra gente estaba enojada porque las autoridades no hacen nada. Otros se llenan de esperanza viendo que unas mujeres desde un pueblo tan pequeño trataban todos los días de cambiar el mundo. También había personas motivadas, con ganas de hacer algo para ayudar a la gente necesitada en sus propias comunidades.

¿Y en Estados Unidos?

En Estados Unidos la película atrae, sobre todo, a latinoamericanos, y fue muy sorprendente ver cómo la película les recordaba su propia emigración y cuando recibieron esas botellas de agua en el camino. Uno veía que esos migrantes habían cumplido su cometido, que habían logrado salir adelante.

Actores y directores mexicanos como Gael García y Alejandro González Iñárritu han realizado películas sobre el tema. ¿Qué impacto ha tenido su documental y hacia dónde espera dirigir su cine?

No me siento con el derecho de opinar sobre el impacto. No sé qué tan lejos llegue la película. Sin embargo, los espectadores nos han dicho que la película sirve para concientizar, para que los jóvenes sepan dónde viven, para descubrir quiénes son estas mujeres. Y tienen toda la razón. Una vez se estrena la película esta deja de ser nuestra y el público se apropia de ella. El público es quien le hace su camino. Yo más que querer seguir luchando por el tema de los migrantes, siento más bien que gracias a esta película encontré hacia dónde voy a dirigir el cine que quiero seguir haciendo, un cine social que refleje nuestro entorno o nuestra sociedad como seres humanos.

Santiago Ospina García (DZC)

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La Invención del Tercer Mundo – Arturo Escobar


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El “desarrollo”: un discurso político, sin saliva… (Calle 13)


PARA SU DISFRUTE!!

 

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Consecuencias de las políticas neoliberales en el agro argentino


El breve análisis que se hace en este video para el caso del agro en Argentina, bien puede aplicarse a todos los paises de América Latina

Video producido por la organización Educatina

 

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México – Crisis del Modelo de Desarrollo


Y para continuar el debate ofrecemos un breve análisis del caso mexicano

 Carlos Ramírez Por: Carlos Ramírez

A pesar de reformas productivas desde 1979, la economía mexicana sigue padeciendo una falla de origen: el mismo modelo de desarrollo que depende de los ciclos externos y que tiene a México atrapado en tres puntos: la dinámica de siga-pare en el PIB, la dependencia de los choques externos y el límite de 2.5% de PIB para evitar presiones de sobrecalentamiento.
El presupuesto para 2017 basado en recortes de gasto afectará con severidad la economía, tendrá la expectativa de PIB de menos de 2% para este 2016 y menos de 1.5% para 2017 y configura un escenario de desarrollo afectado por la fragilidad de la política económica.
No se trata de un defecto actual de la economía sino de la acumulación de contenciones artificiales de algunas variables y de la posposición de reformas en la estructura productiva. La crisis económica de 1973-1985 se contuvo con un programa de control de las variables inflación-tipo de cambio, pero a costa de desalinear a otras: salarios, impuestos, utilidades, población, política social y gasto público.
El fondo de la crisis se localiza en el agotamiento del modelo de desarrollo basado en la estabilidad macroeconómica, hasta 1973 conocido como desarrollo estabilizador y, luego del breve lapso de desarrollo compartido, de nueva cuenta al desarrollo estabilizador 1982-2018. La clave de este modelo radica en el objetivo prioritario final del tipo de cambio estable a partir del control de la inflación por la vía del manejo artificial de la demanda, es decir, el control de los salarios y gasto público.
El largo periodo 1954-1970 logró tasas promedio de crecimiento económico anual de 6%, con tasas de inflación de 2%. El gasto se ajustaba a los ingresos y la baja corrupción generalizaba permitió una muy profunda política social. Echeverría rompió el modelo con el aumento del gasto público sin ajustar los ingresos fiscales y la inflación presionó la devaluación en 1976, acicateada por la desconfianza política. López Portillo repitió el modelo apoyado en los ingresos petroleros, pero al no impulsar la oferta de bienes y servicios el dinero petrolero se lo comió la inflación. 
El ciclo neoliberal de De la Madrid a Peña Nieto volvió a meter a control la inflación por el lado de la demanda y liberó los controles productivos para aumentar la oferta, pero la respuesta fue menor porque la planta industrial estaba incapacitada para aumentar la producción. Por eso abrió la frontera a la libre importación y firmó el tratado de comercio libre, y el aumento en la oferta disminuyó la inflación y volvió a someterse a control el tipo de cambio.
El problema, sin embargo, fue que el modelo neoliberal aumentó la pobreza, redujo la cobertura de la política social y el control salarial no impulsó la producción. Y el país entró en el ciclo siga-pare-siga: el PIB aumenta hasta que presiona la inflación y entonces se induce la desaceleración para controlar la inflación y luego otra vez a crecer. 
La presión inflacionaria, la especulación con divisas y la desconfianza en el gobierno han sobrecalentado la economía y hay que enfriarla con desaceleración y recortes. Y así seguiremos con ciclos cortos de estabilidad-inestabilidad, mientras no se tome la decisión de replantear la totalidad de la política de desarrollo y la política económica neoliberal. En este escenario, el destino de México será crecer entre 1%-2.5% cuando se necesita regresar al 6%.
Tomado de https://www.debate.com.mx/opinion/Crisis-de-modelo-de-desarrollo-20161015-0150.html
 

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¿Es Nueva Zelanda un modelo de desarrollo para Uruguay?


¿Es Nueva Zelanda un modelo de desarrollo para Uruguay?

17.Oct.2016

En esta nota argumentaré que lo fue en el pasado, pero debería dejar de serlo, afirma Jorge E. Álvarez, Doctor en Historia Económica. Profesor Adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Programa de Historia Económica y Social, Unidad Multidisciplinaria.

¿Por qué Nueva Zelanda fue un modelo para Uruguay? Porque a pesar de sus similitudes, como el tamaño de la población, la especialización primario-exportadora y la superficie territorial destinada a la producción agraria, Nueva Zelanda logró en el largo plazo mejores resultados que Uruguay en dimensiones relevantes para el desarrollo. A modo de ejemplo: un sistema agrario de pequeñas y medianas propiedades con altísimos niveles de productividad; un desarrollo regional más equilibrado que se expresa en una mejor distribución territorial de la población; un sistema educativo con más altos niveles de cobertura en los tres niveles de formación; una sociedad más equitativa en la distribución de los ingresos que alcanzó más altos niveles de bienestar para su población. Buscando comprender (y adaptar) la clave del éxito neozelandés, los uruguayos hemos mirado desde hace más de medio siglo ese ejemplo con la ilusión de superar los obstáculos que nos han hecho vivir por debajo de lo que consideramos nuestro propio potencial como país.

¿Por qué Nueva Zelanda no debería ser más un modelo para Uruguay? Porque los propios neozelandeses ven con preocupación cómo son cada vez más pobres, menos productivos y menos competitivos en la economía mundial. La principal paradoja de la economía neozelandesa muestra que, a pesar de estar ubicada en los primeros lugares del ranking mundial en variables consideradas relevantes para el desarrollo como la calidad democrática, el respeto a los derechos de propiedad, los bajísimos niveles de corrupción, de carga impositiva y gasto público como porcentaje del PBI, el país no ha logrado detener su caída en el ranking mundial de ingresos por habitante (Callaghan, 2009; Easton, 1997). Este proceso de rezago relativo es un rasgo que Nueva Zelanda comparte con Uruguay.

Si se consideran los niveles de PBI per cápita que reportan las estadísticas históricas (Bértola et al, 1998; Briggs, 2007; Maddison-Project, 2013) Nueva Zelanda y Uruguay integraron, a inicios del siglo XX, el grupo de los países más ricos del mundo. Esta posición se debió a que las dos economías tienen excelentes condiciones naturales para la producción agraria y se especializaron en la producción y exportación de un rango limitado de productos ganaderos (carnes, lanas, cueros, lácteos) que gozaron de posiciones de privilegio en los mercados de las economías desarrolladas de Europa. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, ambos países cayeron marcadamente en el ranking mundial de ingresos por habitante. Este declive ha sido interpretado como el resultado de las dificultades para adaptarse a los cambios que experimentó la economía mundial desde la segunda posguerra, en particular la pérdida de dinamismos de la demanda a escala global de los bienes que exportan ambos países. Un análisis a largo plazo pone en evidencia que, más allá del alza de los precios y el empuje de la demanda internacional de bienes intensivos en recursos naturales que tuvo lugar en la última década, la pérdida secular de dinamismo de la demanda internacional de bienes primarios fue erosionando las bases de la competitividad histórica de ambos países, sustentada básicamente en la productividad de la tierra. La expresión de este rezago relativo es que ambos países se especializaron en actividades con bajos niveles salariales y bajos niveles de productividad, mostrando serias dificultades para diversificar la economía (Skilling, 2009; Bértola et al, 2014). En última instancia, la brecha creciente de los niveles de ingresos por habitante de Nueva Zelanda y Uruguay con relación a los países desarrollados ha sido definida como una brecha de conocimiento, de tecnología (Hendy and Callaghan, 2013; Bértola et al, 2014).

¿Qué modelo para ambos países? En la actualidad los neozelandeses debaten su modelo de desarrollo asumiendo que deben cambiar el patrón de especialización agraria, quebrar la dependencia del sector primario y expandir la base exportadora aumentando la participación de sectores y bienes basados más en conocimiento que en recursos naturales (Hendy and Callaghan, 2013). El debate enfrenta visiones e intereses, pero se realiza sin olvidar que en aquel país, como en el nuestro, el sector primario sigue teniendo ventajas para desarrollar conocimiento y agregar valor en áreas clave como la biotecnología, la electrónica y las propias tecnologías de la información y las comunicaciones (Oram, 2009) ¿Acaso no es hora de encarar este debate en Uruguay, lejos de posturas fundamentalistas, asumiendo que de esto depende el éxito de nuestro futuro desarrollo?

Referencias

Bértola, L., Calicchio, L., Camou, M. M., & Rivero, L. (1998). El PBI uruguayo 1870-1936 y otras estimaciones: Facultad de Ciencias Sociales, Programa de Historia Económica y Social.
Bértola, L., Isabella, F., & Saavedra, C. (2014). El ciclo económico del Uruguay, 1998-2012. In P. d. H. E. y. Social (Ed.), Documento de Trabajo (pp. 129). Montevideo, Uruguay: PHES.
Briggs, P. (2007). Looking at the numbers. A view of New Zealand economic history. New Zealand. New Zealand: NZIER.
Callaghan, P. (2009). Wool to Weta. Transforming New Zealand’s culture and economy. Auckland, New Zealand: Auckland University Press.
Easton, B. (1997). In stormy seas : the post-war New Zealand economy. Dunedin, New Zealand: University of Otago Press.
Hendy, S., & Callaghan, P. (2013). Get off the Grass: Kickstarting New Zealand’s Innovation Economy. Auckland, New Zealand: Auckland University Press.
Maddison-Project. (2013). The Maddison Project Database. http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/home.htm
Oram, R. (2009). New Zealand’s Prosperity. In P. Callaghan (Ed.), Wool to Weta. Transforming New Zealand’s culture & economy (pp. 130-137). Auckland, New Zealand: Auckland Univesity Press.
Skilling, D. (2009). New Zealand’s Prosperity. In P. Callaghan (Ed.), Wool to Weta. Transforming New Zealand’s culture & economy (pp. 120-130). New Zealand: Auckland University Press.

Fuente: http://columnistas.montevideo.com.uy/uc_302394_1.html

Última imágen tomada de http://www.quedesarrollo.uy

 

 

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