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India -¿Modelo de desarrollo?


Despues de un largo receso, retomamos nuestras contribuciones al debate sobre el MODELO DE “DESARROLLO”, centrándonos en las opciones que se ofrecen como viables (y deseables) o las que se atacan como inviables (y atrasadas) en diversos paises del mundo. Esperamos que los y las inviten a la reflexión crítica!

Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya publicaron en el 2013 el libro: “Why growth matters: how economics growth in India reduced poverty and the lessons for other developing countries” [304 páginas – Public Affairs, 2013]. (Esta reseña se tomó de ESADEgeo (Centro de Economía Global y Geopolítica de ESADE).

Jagdish Bhagwati es profesor de Economía en la Universidad de Columbia y miembro de Council on Foreign Relations. Está considerado el pionero intelectual de las reformas indias. Arvind Panagariya es profesor de Economía y Política Económica de India en la Universidad de Columbia. Es el responsable de la redacción de gran parte de las reformas recientes en India.

Ambos, como los lectores prodrán apreciar, no solo estan convencidos de las bondades del “desarrollo” centrado en el crecimiento económico, sino que defienden su “sostenibilidad”, mientras ponen en tela de juicio, por ejemplo, una serie de regulaciones que protegen al trabajador argu,entando que dificultan la creación de empresa y la inversión extranjera.

indiaVendedor ambulante en Bombay (Indranil Mukherjee/AFP/Getty Images).

Claves para conseguir que el país reduzca de manera drástica la pobreza y cómo este modelo podría ser extrapolable a otros países en vías de desarrollo.

El crecimiento de India se ha estancado a causa de la incapacidad de los sucesivos gobiernos indios para poner en marcha reformas que generen crecimiento económico, que es considerado por Jagdish Bhagwati y Arvind Panagariya como la clave para terminar con la pobreza. A pesar de ello, desde la crisis asiática de 1991 y como respuesta al ascenso de China, el país ha ido dando muestras de haber reaccionado, y de ser capaz de resurgir y convertirse en un modelo de desarrollo efectivo para otros países. Siembre y cuando, se apliquen las reformas que rompan con la tradición y abran su mercado al resto del mundo. El crecimiento económico liderado por los mercados y supervisado por el Gobierno es la clave para conseguir reducir la pobreza y mejorar la vida de los 600 millones de indios que la padecen.

El análisis del caso de la economía india comienza con la declaración de independencia de 1947, momento a partir del cual el idealismo de Jawaharlal Nehru y el posterior socialismo de su hija Indira Gandhi conformaron un modelo de Estado marcado por políticas económicas que debilitaron la productividad del país. El crecimiento se estancó por el excesivo control gubernamental y una política comercial autosuficiente y proteccionista. En 1991, la llegada de la grave crisis económica que sufrió Asia impulsó la puesta en marcha de reformas económicas que se han venido implementando en las últimas dos décadas. Los resultados son interpretados de forma positiva por Bhagwati y Panagariya, a pesar del escepticismo de economistas de izquierdas, como Joseph Stiglitz o Amartya Sen. La tesis primero desmiente los falsos mitos sobre la economía de India y después estudia las fases en que se dividen las medidas aplicadas desde 1991 hasta la actualidad.

Rompiendo mitos

Bhagwati y Panagariya desmienten, uno a uno, los mitos y las afirmaciones sobre la economía india que obstaculizan el proceso de modernización del país. Queda en entredicho, por ejemplo, la idea de que el crecimiento no es necesario para aliviar la pobreza, dado que la redistribución de la riqueza puede conseguirlo. A través de un repaso muy detallado de los planes de desarrollo llevados a cabo desde la independencia de Inglaterra hasta nuestros días, demuestran que dichas reformas han conseguido reducir la pobreza, a diferencia de lo que a menudo se dice. De hecho, mientras que en el año 1978 la mitad de la población india vivía por debajo del umbral de pobreza, a día de hoy es una quinta parte.

Los autores confirman así que la apertura del mercado no ha incrementado la pobreza del país y rechazan la idea de que la globalización genera efectos negativos para la población pobre. Otro tema que analizan es la corrupción, sobre la que afirman que no es cierto que ésta se haya disparado a partir de la aplicación de las reformas aperturistas de 1991. Entonces lo que se hizo fue reducir la posibilidad del aprovechamiento ilícito dando más liberad a ciudadanos y empresarios. Con Indira Gandhi el Estado comenzó a controlar la totalidad del sistema productivo. Así, los casos de corrupción actuales son consecuencia de un proceso pasajero debido a la multiplicación de oportunidades en sectores que aún no ha dado tiempo a reformar.

Las reformas en India

En India son dos las fases de reformas que se han dado y que podrían ser exportadas a otros países. La primera, destinada a producir crecimiento e impactar de forma directa sobre la pobreza. La segunda, centrada en el desarrollo de la sanidad, la educación y el empleo en las áreas rurales, gracias al aumento de los ingresos por parte de la población. De las diversas dimensiones de la estrategia de eliminación de la pobreza, la más importante es el crecimiento económico.

Crecimiento sostenible e inclusivo

La primera fase está enfocada en la aceleración de un crecimiento que sea tanto sostenible como inclusivo, de modo que la segunda fase consiga optimizar sus resultados. Según los autores, este primer estado todavía no ha sido completado y aún existe cierto margen de crecimiento por explotar. Del mismo modo, la productividad y la reducción de la pobreza (fruto del aumento de los salarios y del empleo) siguen siendo mejorables. Pero, ¿cuándo finalizaría? Tendría que terminar con medidas clave, como el desplazamiento de trabajadores del sector agrícola de baja producción al industrial y de servicios, y del sector informal al formal.

La existencia de una excesiva cantidad de leyes laborales que sobreprotegen al trabajador es otro problema al que se enfrentan los empresarios y que obstaculiza el crecimiento. También es necesaria la revisión de la legislación en materia de adquisición de tierras y es fundamental conseguir que el nivel educativo de la población aumente, de forma que la consecución de la modernización sea posible a gran escala.

Redistribución, sanidad y educación

Tras la aplicación efectiva de la primera fase, centrada en el crecimiento, llega el momento de llevar a cabo la redistribución. La propuesta de los autores está basada en políticas mixtas: transferencias de dinero sin condicionantes para la mayor parte de las necesidades, bonos para la educación primaria y seguros para las enfermedades más graves. También defienden la cobertura selectiva frente a la universal, con el fin de que solo los pobres se beneficien de ella.

En cuanto al sistema sanitario, Bhagwati y Panagariya abogan por la ejecución de reformas y la sustitución de personal no cualificado por médicos formados, y proponen la creación de una agencia independiente especializada en sanidad y con un presupuesto propio.

La educación primaria constituye otro importante pilar de la segunda fase de reformas, y que se ve beneficiado de forma directa por el crecimiento económico. A falta de una red escolar pública de calidad, los autores afirman que la mejor opción es la entrega de bonos para que los alumnos puedan permitirse un colegio privado.

Con una opinión pública convencida de los beneficios de estas reformas, una economía abierta al mundo, miembros de la diáspora cubriendo puestos directivos y el convencimiento de que el crecimiento es la única vía efectiva para la reducción real de la pobreza, dicen Bhagwati y Panagariya, existen motivos para ser optimistas tanto a medio como a largo plazo.

 

 

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Basic Criticism to an “Ecomodernist Manifesto”


This post was taken from Resilience.org (Mayo 6, 2015) http://www.resilience.org/stories/2015-05-06/a-degrowth-response-to-an-ecomodernist-manifesto

A Degrowth Response to an Ecomodernist Manifesto

Jeremy Caradonna et al.

A group known as the “ecomodernists,” which includes prominent environmental thinkers and development specialists such as Ted Nordhaus, Michael Shellenberger, Stewart Brand, David Keith,and Joyashree Roy has recently published a statement of principles called An Ecomodernist Manifesto (2015). Many of the authors of the Manifesto are connected to an influential think tank called The Breakthrough Institute.

The Manifesto is an attempt to lay out the basic message of ecomodernism, which is an approach to development that emphasizes the roles of technology and economic growth in meeting the world’s social, economic, and ecological challenges. The ecomodernists “reject” the idea “that human societies must harmonize with nature to avoid economic and ecological collapse,” and instead argue that what is needed is a reliance on technologies, from nuclear power to carbon capture and storage, that allow for a “decoupling [of] human development from environmental impacts.”

The Manifesto has already received strong criticism from an array of commentators, but none of these assessments has yet critiqued it from the perspective of “degrowth,” which is an approach that sees the transit ion to sustainability occurring through less environmentally impactful economic activities and a voluntary contraction of material throughput of the economy, to reduce humanity’s aggregate resource demands on the biosphere. From a degrowth perspective, technology is not viewed as a magical savior since many technologies actually accelerate environmental decline.

DegrowthWith these disagreements in mind, a group of over fifteen researchers from the degrowth scholarship community has written a detailed refutation of the Ecomodernist Manifesto which can be read here: Criticisms to An Ecomodernist Manifesto

The following is a summary of the seven main points made by the authors of this critique:

1.The Manifesto assumes that growth is a given. The ecological economists associated with degrowth assume that growth is not a given, and that population growth, inequalities, and the decline of cheap and abundant fossil fuels, which spurred the unprecedented growth of the global economy over the past century, means that the limits to growth are either being reached or will be reached in the very near future. The ecomodernists, by contrast, scoff at the idea of limits to growth, arguing that technology will always find a way to overcome those limits. Graham Turner, Ugo Bardi, and numerous others have shown through empirical research that many of the modeled scenarios, and the fundamental thesis, of the Club of Rome remain as relevant as ever—that is, that the human endeavor is bumping up against natural limits. Richard Heinberg has shown that theproduction of conventional oil, natural gas, and heavy oil all peaked around 2010, despite, but also due to, continued global reliance on fossil fuels, which still make up over 80% of the world’s primary source of energy. The history of industrialism to date suggests that more growth will be coupled with increasing environmental costs. Thus the Manifesto does nothing to question and rethink the growth fetish that has preoccupied (and negatively impacted) the world since at least the 1940s.

2. Ecomodernists believe in the myth of decoupling growth from impacts. Long the fantasy of neoclassical economists, industrialists, and many futurists decoupling is the idea that one can have more of the “good stuff” (economic growth, increased population, more consumption) without any of the “bad stuff” (declines in energy stocks, environmental degradation, pollution, and so forth). Yet to date, there has been no known society that has simultaneously expanded economic activity while reducing absolute energy consumption and environmental impacts. In terms of carbon-dioxide emissions, the only periods over the past century in which global or regional emissions have actually declined absolutely have occurred during periods of decreased economic activity (usually a political crisis, war, or a recession). While it is true that many countries have reduced their carbon intensity in recent decades, meaning that they get more bang for their energy buck, efforts to decouple GDP-growth from environmental degradation through technological innovations and renewable energies have failed to achieve the absolute emissions reductions and reductions in aggregate environmental impacts necessary for a livable planet. In short, absolute decoupling hasnot occurred and has not solved our problems.

degrowth escape3.Is technology the problem or the solution? The ecomodernists cannot decide. The Manifesto is open and honest about the impact that modern technologies have had on the natural world, and especially emissions from fossil-fueled machines. However, as an act of desperation, the ecomodernists retreat to the belief that risky, costly, and underachieving technologies, such as nuclear power and carbon capture and storage, will solve the climate crisis and energize the sustainable society of the future. The reality, however, is that nuclear power provides less than 6 percent of the world’s energy needs while creating long-term storage nightmares and present-day environmental hazards. We cite Chernobyl and Fukushima as obvious examples. From the point of view of degrowth, more technology is not (necessarily) the solution. The energy crisis can be addressed only by reductions in throughput, economic activity, and consumption, which could then (and only then) create the possibility of powering global society via renewables.

4. Ecomodernism is not very “eco.” Ecomodernism violates everything we know about ecosystems, energy, population, and natural resources. Fatally, it ignores the lessons of ecology and thermodynamics, which teach us that species (and societies) have natural limits to growth. The ecomodernists, by contrast, brazenly claim that the limits to growth is a myth, and that human population and the economy could continue to grow almost indefinitely. Moreover, the ecomodernists ignore or downplay many of the ecological ramifications of growth. The Manifesto has nothing to say about the impacts of conventional farming, monoculture, pesticide-resistant insects, GMOs, and the increasing privatization of seeds and genetic material. It is silent on the decline of global fisheries or the accumulation of microplastic pollution in the oceans, reductions in biodiversity, threats to ecosystem services, and the extinction of species. Nor does it really question our reliance on fossil fuels. It does argue that societies need to “decarbonize,” but the Manifesto also tacitly supports coal, oil and natural gas by advocating for carbon capture and storage. Far from being an ecological statement of principles, the Manifesto merely rehashes the naïve belief that technology will save us and that human ingenuity can never fail. One fears, too, that the ecomodernists support geoengineering.

5.The Manifesto has a narrow, inaccurate, and whitewashed view of both “modernity” and “development.” The degrowth 2Manifesto’s assertions rest on the belief that industrialized modernity has been an undivided blessing. Those who support degrowth have a more complex view of history since the 18th century. The “progress” of modernity has come at a heavy cost, and is more of a mixed blessing. The ecomodernists do not acknowledge that growth in greenhouse gas emissions parallels the development of industry. The core assumption is that “development” has only one true definition, and that is to “modernize” along the lines of the already industrialized countries. The hugely destructive development path of European and Neo-European societies is the measuring stick of Progress.

6.Ecomodernism is condescending toward pre-industrial, agrarian, non-industrialized societies, and the Global South.The issue of condescension is particularly stark in the Manifesto. There is not a word about religion, spirituality, or indigenous ecological practices, even though the authors throw a bone to the “cultural preferences” for development. Pre-industrial and indigenous peoples are seen as backwards and undeveloped. The authors go so far as to say that humans need to be “liberated” from agricultural labor, as though the production of food, and small-scale farming, were not inherent goods. There is no adoration for simple living, the small scale, or bottom up approaches to development.

7. The Manifesto suffers from factual errors and misleading statements. The Manifesto is particularly greenwashed when it comes to global deforestation rates. It suggests that there is currently a “net reforestation” occurring at the international scale, which contradicts the 2014 Millennium Development Report that shows that afforestation and reforestation have, in fact, slowed deforestation rates, but that the world still suffered a net loss of forested land between 2000 and 2010 by many millions of hectares. Research by the United Nations Food and Agriculture Organization and the World Wide Fund for Nature confirms the reality of net forest losses. Further, the Manifesto makes dubious claims about net reductions in “servitude” over the past few centuries, and the role played by pre-historical native peoples in driving the megafauna to extinction.

In sum, the ecomodernists provide neither a very inspiring blueprint for future development strategies nor much in the way of solutions to our environmental and energy woes.The full critique document was authored and endorsed by Jeremy Caradonna, Iris Borowy, Tom Green, Peter A. Victor, Maurie Cohen, Andrew Gow, Anna Ignatyeva, Matthias Schmelzer, PhilipVergragt, Josefin Wangel, Jessica Dempsey, Robert Orzanna, Sylvia Lorek, Julian Axmann, RobDuncan, Richard B. Norgaard, Halina S. Brown, Richard HeinbergRead the full document A Degrowth Response to an Ecomodernist Manifesto.This summary was originally published by Resilience.org, part of Post Carbon Institute’s Resilience program dedicated to building resilient communities as we transition away from fossil fuels

(Images taken from http://www.slate.com and http://www.ieet.org)

 

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Hay gente demasiado pequeña para ser humana… – Boaventura de Sousa Santos


El pasado domingo 19 de abril, murieron cerca de 800 personas tras el naufragio frente a la costa de Libia en el Mediterráneo de una embarcación que zarpo de Trípoli con “ciudadanos” de Siria, Mali, Gambia, Senegal, Somalia, Eritrea y Bangladesh. Sólo hubo 27 sobrevivientes, los cuales llegaron el martes 21 de abril al puerto Catania al sur de Italia.

naufragioEste hecho ha despertado duras críticas frente a las políticas de inmigración de los países europeos. Al respecto, por ejemplo, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Husein, acusó a la Unión Europea y sus políticas migratorias de transformar el Mediterráneo en un “gran cementerio”.

mapaA propósito de esta tragedia, que ha venido aconteciendo de manera reiterada, el intelectual Boaventura de Sousa Santos escribió un corto documento (titulado La Extraña Levedad de la Historia) que compartimos a continuación. Sobre esta reflexión sin eufemismos, queremos llamar la atención sobre la vigencia de las lecturas duales y dicotómicas del mundo, y sobretodo sobre sus inhumanos efectos prácticos, que en casos como este, explican las inequitativas dinámicas sociales del mundo.

Para acceder al texto La extrana levedad de la historia.

(Imágenes tomadas de http://www.emol.com y http://www1.folha.uol.com.br/mundo/2015/04/1619196-naufragio-no-mediterraneo-deixou-800-imigrantes-mortos-diz-onu.shtml)

 

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Max-Neef: “El rescate financiero es la mayor inmoralidad de la historia de la humanidad”


Les compartimos una entrevista hecha por Brais Benítez, para la publicación virtual “La Marea” (www.lamarea.com) el pasado 6 de julio del 2014 a Manfred Max-Neef, promotor inicial del “Desarrollo a Escala Humana” y quien cuenta con una muy interesante historia en su trasegar por los cuestionamientos al “desarrollo”. Algunos de sus publicaciones se encuentra también en este blog en la páginas de “Autores”. Esperamos que disfruten de esta entrevista.  

BARCELONA // Manfred Max-Neef (Valparaíso, Chile, 1932) redescubrió la economía en los montes peruanos. Cara a cara con las comunidades indígenas, se dio cuenta de que todo lo que sabía como brillante profesor de Berkeley no le servía para nada a la hora de comunicarse con esas gentes. “En el momento en que miré a lo ojos a la pobreza, me quedé mudo”, afirma este economista y ambientalista chileno, que en 1983 obtuvo el Right Livelihood Award, considerado el Premio Nobel Alternativo de Economía.

En la década de los 50 llegó a ser directivo de la petrolera Shell. Hasta que decidió dejar la empresa privada y, como afirma, “poner los pies en el barro”. Algo que, asegura, es el gran déficit de los economistas actuales, que “son los que menos entienden el mundo real”. La Marea ha tenido la oportunidad de conversar con él en una fugaz visita a Barcelona. Con la experiencia de su avanzada edad, augura un futuro muy negro para las generaciones futuras. Más cuando, desde la crisis de 2008 y el rescate de los actores financieros que la provocaron, se ha llevado a cabo “una de las peores monstruosidades de la historia”.

Este otoño se cumplirán seis años de la caída de Lehman Brothers, considerado el pistoletazo de salida del crack financiero que aún sufrimos. ¿Cómo valora la gestión de la crisis que han llevado a cabo las autoridades econóMax-Neefmicas, capitaneadas por el FMI?

Todo lo que ha ocurrido es una conexión de cosas que no hay que hacer. Para mí, lo más desconcertante y preocupante es que no importa cuántas veces quede en evidencia que ciertas políticas económicas son desastrosas; se sigue insistiendo en las mismas. Los economistas se creen científicos, por lo menos decidieron ser científicos los neoclásicos, a finales del siglo XIX. Para ser científicos decidieron que la economía se pareciera lo más posible a la física, con lo cual hicieron una serie de inventos absurdos y modelos matemáticos que son verdaderos disparates. Además, si la economía fuese una ciencia y los economistas, científicos, actuarían como científicos; ¿y cómo actúa un científico cuando una teoría determinada falla? Inmediatamente se ponen con toda la intensidad a buscar cuál es la alternativa a esa teoría, porque esta no funciona, y ¡se destierra y se acabó!

Pues eso es exactamente lo que los economistas parecen hacer.

¡No lo hacen! Tienen actitud científica cero, se insiste en los mismos errores. Lo que ocurrió desde octubre de 2008 es, a mi juicio, una de las peores monstruosidades de la historia. Con todas las especulaciones, la basura que vendían los bancos, absolutamente repugnante… de repente se ven en una situación crítica y hay que hacer todo lo imaginable e inimaginable para salvar a los delincuentes. O sea, no se salva a las víctimas, las víctimas no tienen ninguna importancia, lo que importa es salvar a los delincuentes, a los que provocaron la crisis. Y en cuestión de un par de meses logran juntar a nivel de todo el mundo, para salvar a esos delincuentes, del orden de diecisiete billones de dólares.

Sí que había dinero…

El informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), de poco antes de octubre de 2008, indicó que para superar el hambre en el mundo se necesitan del orden de 30.000 millones de dólares al año. Divide diecisiete billones por treinta mil millones: obtienes seiscientos años de un mundo sin hambre. ¿Dónde estaba esa plata? Yo mismo, que trabajé en las Naciones Unidas años atrás, hasta hace poco estabDinero y hambrea convencido de que era verdad que no alcanzaban los recursos para resolver el hambre. ¡Pero sí hay mil veces más recursos para salvar a los delincuentes! Eso, para mí, es tal vez el acto inmoral más grande que se ha cometido en la historia de la humanidad.

Cómo explica que se recete austeridad a Europa y luego el economista jefe del FMI reconozca el “error” a la hora de valorar el impacto de las medidas. ¿No sabían lo que iba a ocurrir?

No hay que ser economista, ¡es cuestión de sentido común! Si tú no tienes nada, perdiste la casa, perdiste tus ahorros, y yo te digo: ‘¡Pero sé más austero!’, se llega a lo que llegaron ustedes aquí en España; nunca había ocurrido, que en España llegara un momento en que muera más gente por suicidios que por accidentes de tráfico. Y yo pregunto, ¿esos suicidios eran realmente suicidios? ¿O eran asesinatos de un sistema económico perverso? ¿Qué manera tienes de ser más austero cuando no tienes nada? ¡Pegarte un tiro! ¡Esa es la máxima austeridad! Eres un patriota, porque ayudas a la economía al eliminarte. Esa es la situación. Para mí, desde un punto de vista científico, ético, moral, desde todo punto de vista, todo lo que ha ocurrido es una asquerosidad inconmensurable, y que va además contra el más elemental sentido común. ¿Qué lógica tiene hacer sufrir a una población hasta los extremos más indecibles para beneficiar a la economía? ¡Si la cosa es al revés! La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. ¡La economía no es Dios! Las consecuencias son que una economía como esta mata a más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, pero no hay culpables. Todos esos muertos son muertos impunes.

¿Responde a una cuestión de ineptitud o de intereses?

Es perversidad. A menos que sean absolutos imbéciles, que supongo que no lo son. Pero les conviene más eso que lo otro. La gente no interesa, la gente es prescindible, y eso está dentro de la teoría económica neoclásica. ¿Sabes que en un libro de texto de economía neoclásica, la solidaridad es un acto irracional? ¡Si eso te lo enseñan! Lo de que la única racionalidad es maximizar tu utilidad, todo lo otro es irracional…

Así que el problema comienza en la educación económica… ¿No se forma correctamente a los economistas?

No. En la época en que yo estudié Economía estudiábamos todas las escuelas económicas. Dos cursos fundamentales del currículum eran Historia Económica e Historia del Pensamiento Económico; ninguna de esas está en ningún currículum hoy día. Los economistas no tienen ni idea de la historia económica del mundo ni de qué otros economistas pensaron qué cosas, porque este ya es un modelo definitivo para la eternidad, o sea que ¿para qué quieres saber lo que pensaban otros? Fíjate qué estupidez. Y eso en todas las universidades, se pueden contar con los dedos de la mano las que se han zafado de eso. En consecuencia ahí tienes una institución que en estos momentos tiene una inmensa responsabilidad, y es la Universidad.

¿Qué implica este tipo de educación?

Que son economistas absolutamente incultos, y además con teorías que impiden que entiendan el mundo real. Lo único que tienen es un modelo matemático, y ese modelo es la realidad. Y si resulta que ese modelo no funciona no es porque el modelo esté mal, sino que la realidad hace trampas, y la función de la realidad es adaptarse a tu modelo. Esa es la actitud. Mientras sigan produciéndose economistas así no hay manera de cambiar, porque son los economistas los que tienen acceso al poder: los políticos, los empresarios, consultan a los economistas. O sea, ¡le consultan al que menos entiende el mundo real! Es una comedia dramática. Completamente absurda.

¿Qué implicación tiene en ello la entrada de grandes empresas y bancos a las universidades?

Uno de los problemas que tiene la Universidad hoy en día es que dejó de ser lo que era y terminó vendida al mercado. La Universidad funciona de acuerdo a lo que le pide el mercado. Y el mercado son las empresas… Hay muchas empresas que hacen donaciones sabrosas a muchas universidades para que eduquen de la manera en que a ellos les conviene. Harvard educa a niños para Wall Street, esa es la función. Se llamará la mejor universidad del mundo, que yo tengo mis serias dudas, pero los educa para Wall Street. Está todo determinado para satisfacer las codicias de grupos de poder.

Ha afirmado usted en reiteradas ocasiones que los economistas no entienden lo que es la pobreza.

Una cosa es saber y la otra comprender. Saben todo lo que se puede saber sobre la pobreza, pero no la comprenden. Tienen todas las estadísticas, y sobre eso hacen planes para la superación de la pobreza. Pero no han estado en la pobreza, no han convivido en la pobreza, no han olido, ni han comido ni han dormido la pobreza. Y eso es tremendamente importante y fue gravitante en mi vida. Yo era un joven brillante profesor en Berckley, una de las mejores universidades del mundo. Tenía 27 años, orgulloso. Cuando me fui a trabajar con organismos internacionales a zonas de pobreza, recuerdo que estaba en la sierra peruana, en una comunidad indígena, un día muy feo, había llovido… Yo estaba parado en el barro y frente a mi, otro hombre pequeño, flaco, sin trabajo, cinco hijos, una mujer, una abuela… Y nos miramos, y en ese momento fue para mí como una puñalada, ¿qué le puedo decir a este hombre? Y me di cuenta de que no tenía lenguaje. No tenía nada coherente que poder decirle. En el momento en que miré a lo ojos a la pobreza, me quedé mudo.

De ahí acuña después el concepto de economía descalza

Me di cuenta de que todo lo que había estudiado no me servía para nada. Ahí cambié radicalmente como economista y surgieron mis principios de economía descalza, desarrollo a escala humana, etc. Una cosa es tener información y la otra es comprender. Y yo diría que, como problema general, nuestra época se caracteriza porque sabemos muchísimo pero comprendemos muy poco. Y la diferencia entre saber y comprender te la puedo ilustrar de mi manera favorita: puedes estudiar todo lo que se pueda estudiar, desde una visión teológica, antropológica, sociológica, biológica, química, bioquímica, neurológica… sobre un fenómeno humano que se llama amor. El resultado es que vas a saber todo lo que se puede saber sobre el amor, pero nunca vas a comprender el amor a menos que te enamores. Es decir, que sólo puedes comprender aquello de lo eres parte. Si no eres parte, sólo tienes información.

Información no nos falta hoy en día…

Piensa que nunca en la historia de la humanidad se ha juntado tanto conocimiento como en los últimos cien años, ¡y mira cómo estamos! Me pregunto para qué diablos sirvió todo ese conocimiento con un mundo destrozado, hecho pedazos, como en el que estamos viviendo ahora. No necesitamos saber más, lo que necesitamos es comenzar a comprender, y para comprender tienes que integrarte. Mientras no nos demos cuenta de que todo está integrado con todo, mientras sigamos con un mundo atomizado, con una visión cartesiana, no se resuelven los temas. La pobreza es eso. Tú eres parte de los pobres. Por eso yo siempre he dicho que uno no puede hacer nada por los pobres, uno sólo puede hacer con los pobres. Métete, ve qué potenciales hay en una comunidad pobre, y sobre esos potenciales, construye. Pero desde tu oficina, con aire acondicionado y con todas las estadísticas, hacer el gran plan como lo hacen en el Banco Mundial no sirve para nada.

Desde 2008 hasta ahora. ¿Podemos encontrar algún ejemplo de medidas económicas bien aplicadas en algún país?

El ejemplo más notable y más espléndido es el de Islandia. Es el único país que no socializó el disparate. Islandia tenía cuatro bancos, que eran bancos nacionales. Privatizó los bancos, que se metieron inmediatamente en el baile de todos los otros bancos. A la vuelta de seis meses ya tenían deudas que eran como cinco veces el PIB de Islandia. Llegó el momento del colapso, y la reacción de toda la ciudadanía de Islandia fue ‘nosotros no pagamos un centavo, si quebraron, que quiebren, y además que se vayan a la cárcel’. Quebraron los cuatro bancos, juzgaron a los tipos, fueron a la cárcel y están presos. El único país que lo hizo. Ahora, llama la atención de que se sepa tan poco eso, que no se haya divulgado, y la razón es obvia, imagínate que hubiese provocado contagio, y que ustedes hubiesen hecho lo mismo. ¿Te das cuenta qué terrible para los pobres banqueros? Eso me recuerda a una propuesta muy simpática que hizo mi amigo Galeano, por qué no creamos el movimiento ‘sea generoso y ayude a una banquerito’. Islandia hizo lo que había que hacer, y mira cómo está Islandia ahora, espléndida.

¿Por qué no se hizo en otros lados?

Si los otros lo hubieran hecho se habría resuelto el problema. Pero surgen conceptos como ‘es que es demasiado grande para que caiga’, ‘es demasiado poderoso para ir a la cárcel’, todo ese tipo de conceptos, ‘too big to fail’, ¡demasiado grande para fracasar! Todos esos conceptos estúpidos. Si tú quieres ser delincuente impune tienes que ser lo más grande posible. Pero anda a robar una gallina porque tienes hambre, que vas a pasar cinco años preso. Eso sí que es inaceptable, es un peligro para la sociedad. Estos monstruos ahí están, más gordos que antes. En medio de la crisis, la plata para salvarlos se la repartieron con bonos multimillonarios para que se fueran a casa. El que menos se llevó 20 millones de dólares en el bolsillo, por el buen trabajo realizado. ¿Y los que perdieron la casa porque no pudieron pagar la hipoteca? ¿Los que perdieron el trabajo, el ahorro? Bien, gracias, ahí están.

Ha mencionado antes el concepto de desarrollo a escala humana, ¿en qué consiste?

Es un desarrollo que está orientado hacia la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Y no está basado meramente en el crecimiento, porque el crecimiento y el desarrollo son dos cosas completamente distintas. Y el desarrollo no necesita necesariamente de crecimiento. El crecimiento es una agregación de magnitudes cuantitativas, y el desarrollo, de elementos cualitativos, creativos. El desarrollo no tiene límites y el crecimiento sí: no hay nada que pueda crecer para siempre. Y como decía Kenneth Boulding, ‘el que piensa que en un mundo finito el crecimiento perpetuo es posible, o está loco o es economista’. Lo que yo propongo hoy día para una nueva economía, coherente con los problemas que tenemos, es una economía que se basa en cinco postulados y un principio valórico irrenunciable:

– La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
– El desarrollo tiene que ver con personas y no con objetos.
– El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo y el desarrollo no implica necesariamente crecimiento.
– Ninguna actividad económica es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas.
– La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, en consecuencia el crecimiento permanente es imposible.

Y el principio valórico en que debe sustentarse es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida. Recorre esa lista uno por uno y verás que lo que tenemos hoy es exactamente lo contrario.

¿Y llegaremos, como humanidad, a darnos cuenta a tiempo de esto?

No sé, porque no tengo una bola de cristal, pero el ser humano es siempre lo suficientemente estúpido para no reaccionar mientras no se haya llevado un golpe. De manera que creo que queda mucho sufrimiento por delante todavía. Y en muchos aspectos ya hemos cruzado el punto de no retorno. El mundo ya nunca volverá a ser lo que fue.

Si tuviese la oportunidad de tomar las riendas de la economía mundial, ¿por dónde comenzaría a corregir errores?

Ya te dije antes, primero educar a economistas que entiendan el mundo. Eso para mí es el paso número uno. Y en seguida, reforzar al máximo el mirar hacia adentro, fortalecer las economías locales y regionales, fortalecer lo pequeño y lo mediano, y olvidarse de la pura globalización. Porque esta globalización ha terminado siendo tremendamente destructiva, con impactos espantosos en el planeta, llena de absurdos y de disparates que son imposibles de comprender. Donde vivo yo, en el extremo sur de Chile, que es una zona agrícola maravillosa, el otro día, cuando fui a comprar la verdura, estaba sacando unos ajos, y resulta que ahora los ajos que se venden en Valdivia ¡son ajos que vienen de China! Cuando nosotros producimos ajos maravillosos.

Efectos de la globalización…

¡30.000 kilómetros de viaje de ajos a un lugar donde se produce ajo! ¿Puedes entender una estupidez como esa? Y el argumento del economista es que es más barato. Claro, ahí está la trampita genial de los economistas, que inventaron esa cosa que se llama externalidades, que los impactos que provoca es una externalidad que no tiene nada que ver conmigo. El impacto que significa ese traslado en términos ambientales, de emisión de gases, etc. eso no entra en el precio. El hecho de que vas a destruir el producto local tampoco entra en el precio. Que ese ajo viene subsidiado por el gobierno chino, eso tampoco se considera en el precio. Simplemente se cuenta que este vale 3 y este otro 3,50. Los economistas están llenos de esos trucos, y lo de las externalidades es uno de los más escandalosos, porque es no hacerte responsable de los efectos que tú estás provocando. Eso es inaceptable. Anticientífico por definición.

Tiene que ver con no tener en cuenta escenarios que vayan más allá de lo inmediato…

Claro que sí. Yo siempre me pregunto, toda esta gente que está destruyendo el medio ambiente de forma escandalosa, ¿ninguno de estos tíos se ha puesto a pensar que va a tener nietos, biznietos, y en el mundo que les van a dejar? ¡Creo que no se les pasa ni siquiera por la mente! El negocio está en la plata que voy a ganar de aquí al próximo año con esta especulación. Eso es lo que interesa, el resto no tiene ninguna importancia. ¡Por eso es muy perverso!

 

 

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Cuatro Caras del Capitalismo de Adriano Kitani


Y como una imagen vale más que mil palabras, les dejamos este aporte de ADRIANO KITANI, para su reflexión, gracias al aporte de uno de nuestro lectores (Julian M.)

 

capitalismo

 

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De Saberes y de Territorios – Porto Gonçalves


Les compartimos las reflexiones que Carlos Walter Porto-Gonçalves, academico y analista brasilero (Universidad Federal Fluminense, Niteroi, Brasil) hace sobre la relación cultura y territorio, en una ponencia presentada en la mesa “Globalidad y Territorio” en el Seminario “Utopías presentes y futuros posibles: pensamiento y prácticas sociales para un nuevo continente” realizado en Bogotá, Colombia, entre los días 10 y 12 de noviembre de 2008 y promovido por la Cátedra Latinoaméricana Orlando Fals Borda de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia con sede en Bogotá.

Inicia Porto, diciendo:

Porto Goncalves“Problematizar la relación entre saberes y territorios es, antes de todo, poner en cuestión la idea eurocéntrica de conocimiento universal. Con eso no queremos rechazar la idea de que el conocimiento sea universal, pero, sí, (1) retirar el carácter unidireccional que los europeos le impusieron a esa idea (eurocentrismo) y (2) afirmar que las diferentes matrices de racionalidad constituidas a partir de diferentes lugares, los topoi de Boaventura de Sousa Santos, son susceptibles de ser universalizados, lo que nos obligaa considerar los procesos por medio de los cuales los conocimientos pueden relacionarse y dialogar. Finalmente, lo que se busca es un diálogo de saberes que supere la colonialidad del saber y del poder (Quijano, 2005 [un 2000]).

Lo que se critica aquí no es la idea de pensamiento universal, pero,sí, la idea de que hay uno y solamente un pensamiento universal, aquel producido a partir de una provincia específica del mundo, Europa y, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, aquel conocimiento producido a partir de una sub-provincia específica de Europa, la Europa de habla inglesa, francesa y alemana, a fin de cuentas, la segunda modernocolonialidad, que insiste en olvidar el conocimiento producido en la primera moderno-colonialidad, aquella de habla española o portuguesa.” Para acceder al texto completo de click aqui: De Saberes y de Territorios: diversidad y emancipación a partir de la experiencia latino-americana

(Imágen tomada de alasru.org)

 

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La Estrategia del Imperio – Héctor Mondragón


La estretegia del imperioHoy le compartimos La ESTRATEGIA DEL IMPERIO – Todo para el Capital Transnacional, escrito por Héctor Mondragon y publicado en el año 2007 y cuya tabla de contenidos ofrecemos enseguida:

Indice Mondragon

Para acceder al texto completo, click sobre la tabla de contenido

 

 

 

 

 

 

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