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EL FONDO DE LA DISCUSIÓN ES SOBRE EL MODELO DE DESARROLLO


FORO DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO REGIONAL – PALABRAS FINALES

Francisco de Roux, SJ, Provincial de Colombia, Bogotá, 19 de diciembre de 2012

farc-marquez-dialogos-afp320Amigas y amigos:

Esta es una reflexión para nosotros, reunidos durante tres días para buscar los caminos de la paz desde la profundidad campesina y agraria de Colombia. Estas no son recomendaciones adicionales para Cuba. El mensaje para La Habana está listo. Lo hemos producido en tres días de diálogo y es muy bueno. Gracias a Naciones Unidas y a La Universidad Nacional. A Bruno Moro y Alejo Vargas. Ha sido un foro sobre DESARROLLO INTEGRAL AGRARIO CON ENFOQUE REGIONAL.

El título plantea de una vez que lo que está en el fondo del diálogo participativo es la discusión sobre EL MODELO DE DESARROLLO. Porque el modelo que hemos tenido hasta ahora ha producido inequidad, está en el corazón del conflicto, tiene que ver con la migración salvaje del desplazamiento forzado, y tampoco ha logrado el crecimiento económico que se esperaba del campo. De hecho lo que Colombia está haciendo es discutir el modelo aunque se diga que no se puede discutir, que no es negociable. Lo que sí ha dejado claro este foro, es que nosotros NO TENEMOS QUE MATARNOS para discutir el modelo.

Y este es el único mensaje de estas palabras mías que quiero que llegue a La Habana. Es el grito de todas las víctimas. PAREN ESA GUERRA. Párenla de todos los lados. Párenla en toda Colombia, también en el sur, que no vaya a quedar el Putumayo sumergido en la guerra. No se levanten hasta que no pare el conflicto armado. Y cuando hayan parado corran el riesgo de venir acá, y dialoguemos sobre todos los cambios que tenemos que hacer todas y todas, para que la paz con justicia y sostenibilidad sea posible.

Lo que está en el fondo de esta discusión sobre el modelo, es la convicción de que EL DESARROLLO ES LA GENTE. Para decirlo negativamente. EL DESARROLLO NO ES: los millones de toneladas de aceite de palma que se extraigan, ni las de azúcar de caña, ni las de banano exportado, ni las millones de toneladas de carbón arrancadas al territorio. Eso puede ser un medio para el desarrollo, o un medio para destruir al ser humano.

Las personas somos seres humanos en una comunidad étnica, en una comunidad campesina, en una sociedad, en UNA CULTURA. Por eso el desarrollo es un asunto regional. Lo que se trata es de la posibilidad de vivir, todos y todas, sin exclusión, con la mayor plenitud posible, en armonía con la naturaleza en una región, la vida querida por un pueblo.

El desarrollo no es llegar a extraer el valor de una región, sino aumentar ese valor que se comparte entre todos. Para que me entiendan los empresarios aquí presentes, que han tenido el carácter ciudadano de oír el sentir de los campesinos y de hablar y ser respetados en esta búsqueda colectiva: el negocio no son las utilidades de sus empresas, el valor agregado primero que hay que ver no son sus ganancias, el negocio es el valor de la región. Eso es lo que escriben Porter y Kramer en un reciente artículo del Harvard Business Review como la nueva forma de productividad compartida: crear el valor de una sociedad. Y eso es paradójicamente la seguridad de sus empresas y su sostenibilidad, y su utilidad en el largo plazo.

Miremos el desafío ético que está en el fondo de estas conversaciones. No voy a hablar de ética religiosa. Voy a hablar de la ética que nos queda cuando aquí en Colombia ya no sirven para nada las teorías políticas, ni las ideologías, ni las explicaciones filosóficas, ni las morales públicas, y lo único que nos queda es la dignidad humana.

La dignidad es la experiencia profunda de que todas y todos tenemos que importarnos como personas, como familias, como pueblos. La dignidad que hemos visto en las mujeres y los hombres del campo que no se han dejado desplazar, ni perder sus cabildos, ni secuestrar. Los que se pararon sin armas frente a los que tenían poder y fusiles. Para defender algo que no podían entregar porque entonces no valían nada como seres humanos. Ustedes lo sienten y lo saben. La dignidad humana no se la debemos a nadie. No se la debemos al Estado, ni al Ejército. Ni a la las FARC, ni al ELN. No se la debemos a ningún político, ni a ningún empresario que nos dé empleo. La dignidad igual en todas y todos, absoluta en todas y todos, la tenemos simplemente porque somos seres humanos. Y la tenemos igual indígenas y negras y mestizos y blancas. Y no tiene más dignidad el que tenga más hectáreas o más vacas, o tenga armas, ni siquiera las armas del Estado. Todos los seres humanos tenemos igual dignidad.

Lo que hacemos con el desarrollo regional es establecer y acrecentar las condiciones para que las etnias, las comunidades campesinas y los pueblos rurales, y también los empresarios solidarios, puedan expresar su dignidad, celebrar su dignidad, compartir su dignidad, proteger su dignidad, vivir su dignidad como un pueblo quiere vivirla en una región.

Es así como se entienden muchas de las propuestas que se han escuchado en estas salas estos tres días. Me refiero a continuación a mi sentir de algunas de ellas: las zonas de reserva campesina, porque allí se protege a las comunidades de la voracidad del mercado que monopoliza las tierras en el latifundio y expulsa a los pobladores del campo; allí se producen alimentos eficientemente con el menor costo humano y ecológico y calidad; allí está la organización para que los campesinos puedan hacer valer sus derechos; allí se cultiva un sentido de responsabilidad con el medio ambiente; allí la decisión por la justicia es prevalente.

Temen algunos que las zonas de reserva campesina sean un instrumento para la llegada de la guerrilla al terminar el conflicto. Y me pregunto ¿qué puede haber mejor, terminado el conflicto armado, que tener territorios de producción de alimentos y protección de los bosques y los ríos, donde los excombatientes puedan llevar a la realidad lo que soñaron como justicia social y participación?

  • La autonomía de las etnias indígenas y de las comunidades negras y raizales, convertida en desarrollo regional desde los planes de vida y los planes etno-descendientes.
  • En las formas de seguridad que les son propias, que exigen la consulta previa, libre e informada, y el diálogo para que toda inversión minera o agroindustrial esté subordinada al valor de la vida en sus regiones.
  • La desaparición del paramilitarismo y las bacrines del campo.
  • La soberanía alimentaria, para garantizar la vida en los territorios.
  • La protección de los baldíos que son propiedad del Estado. Que si han de entregarse en propiedad es a las comunidades campesinas, indígenas, raizales y étnicas. Y el retorno al Estado de los baldíos que se volvieron latifundios y grandes empresas agrícolas.
  • La finca campesina de seguridad alimentaria de productos tropicales permanentes y la finca agroecológica. Que han probado que los pequeños campesinos, con organización, tecnología y crédito, en un escenario de mercado, pueden alcanzar igual o más productividad que las plantaciones en productos como caucho, frutales, búfalos, cacao y palma de aceite.
  • La titularidad de la tierra a las mujeres en las comunidades. A ellas, las que resistieron civilmente al terror y el silencio y mantuvieron el futuro.
  • El regreso de los jóvenes al campo, porque los jóvenes hoy se van. Que retornen al campo prestando un servicio social en lugar de servicio militar, y tengan en el campo computadores y correo electrónico, y se queden ocupando productivamente el territorio, con la educación propia que requieren las regiones.
  • La pequeña minería apoyada por el Estado y articulada con el cuidado de la naturaleza y con derechos en licencias confirmadas legalmente.
  • La desaparición de la cocaína, no de la coca ancestral, en este país que llegó a ser monopolio mundial del narcótico. Porque aquí la insurgencia, que peleó contra las multinacionales para defender la soberanía, contribuyó, con los paramilitares cocaleros, a que nos metiéramos en la multinacional de la mafia. La mafia, la multinacional más destructora de las soberanía. La promotora del mercado capitalista más perverso, donde las transacciones y los precios se definen a bala. Por eso la erradicación de la mafia.
  • La necesidad de parar las fumigaciones y en cambio el impulso decidido del desarrollo regional incluyente, con subsidios estatales al campesino excluido que tuvo que sobrevivir sembrando coca.
  • La redistribución productiva de las tierras para que regresen buena parte de los millones de hectárea de ganadería extensiva a la producción de alimentos. Y para redistribuir las tierras del latifundio improductivo.
  • La transformación del INCODER, con la esperanza de la nueva administración, que tiene rescatar para el desarrollo agrario regional la institución que quedó en manos de testaferros de ilegales y corruptos.
  • La presencia coherente de empresarios que traen al campo capital, tecnología, innovación, economías de escala, infraestructura básica, empleo. Y ponen esa presencia empresarial en formas industriales al servicio del valor regional definido por la vida querida y la dignidad de todos los pobladores del territorio.
  • La protección de los derechos, la seguridad y el desarrollo humano y sostenible de todas las regiones ante la locomotora minera.
  • El cambio de la Universidad para que llegue a las regiones rurales. La infraestructura para el campo en vías secundarías, terciarias y veredales, y el transporte multimodal.

PUDIERA SEGUIR ABUNDANDO sobre puntos que aquí se han presentado. Pero ustedes los conocen y están organizados para La Habana. En todos estos planteamientos hay siempre el desafío del desarrollo regional a partir de la dignidad humana. Un desarrollo orgánico, total, integral, que no es el desarrollo por sectores, sino de regiones, de gente, de naturaleza, decididos a vivir sin excluir a nadie.

Este mismo desarrollo integral plantea la responsabilidad de sentarnos todos los actores y actoras de un territorio. Juntos, campesinos y grupos étnicos, mujeres, pescadores y ribereños, empresarios y juntas de acción comunal, universidades y organizaciones; para decidir, participativamente, sobre el mapa de la región: cuáles son los bosques que se van a proteger, cuáles los bosques que van a ser productivos, cuáles los ríos y humedales que se van a cuidar, cuáles las tierras que se van a dedicar a la producción de la soberanía alimentaria, dónde se tendrán zonas de reserva campesina, cuáles las áreas que se van a dedicar a la producción campesina de productos tropicales permanentes, cuáles las que se van a dedicar a la agroindustria y bajo qué condiciones, y en cuáles y bajo qué restricciones se acepta minería grande, pero siempre desde la perspectiva del desarrollo regional, de la vida querida por la gente en armonía con el medio ambiente. En este diálogo regional se define si seremos o no capaces de vivir en paz.

Este enfoque regional integral donde la gente es primero, nos plantea un horizonte internacional nuevo, en un mercado abierto, porque, garantizado el futuro de nuestras regiones, podemos intercambiar excedentes con todo el mundo, en una globalización distinta de la globalización de las multinacionales; un mundo unido en la diferencia de regiones con calidad de vida, una globalización de la dignidad en armonía con la naturaleza.

El grito de las víctimas, cuya memoria es parte constitutiva de las culturas regionales, pide que la lucha legítima por el poder político para luchar por el bien del pueblo se separe de la guerra. No más Bojayás, ni secuestros, ni minas antipersonales, y no más los 170 mil asesinatos, casi todos de campesinos, que los paramilitares confesaron en justicia y paz, hechos en alianza con gente del poder político regional. Por eso, por nuestra dignidad, hay que sacar ya la violencia y la muerte de ejercicio de la política desde todos los lados y separar para siempre la política de la guerra.  (Los énfasis y subrayados son del original)

Imagen tomada de http://ntn24-img.s3.amazonaws.com/sites/default/files/imagecache/320×240/farc-marquez-dialogos-afp320.jpg

 

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La genética del discurso del Desarrollo – Explorando Alternativas Reales


Juan Masullo expone algunas de sus reflexiones sobre el discurso del Desarrollo en la revista Palobra, No. 11. sep. 2010.

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo serios cambios en la arena geopolítica que resultaron decisivos a la hora de re-conceptualizar el desarrollo. Este escrito busca presentar un análisis crítico, desde la perspectiva de las formaciones discursivas de Michel Foucault, de la transformación que sufrió la noción de desarrollo durante la segunda postguerra. Así, el trabajo se suma a una serie de estudios que se han venido realizando desde el postestructuralismo en el
campo de estudios del desarrollo y que dan forma a lo que se ha dado en llamar el postdesarrollo.

La intención que subyace a esta reflexión en torno a la manera en que se formó el discurso del desarrollo y se hizo hegemónico, es aportar a su deconstrucción, dirigiendo la crítica a la idea misma de desarrollo, con el cometido de abonar un terreno fértil para el surgimmiento de alternativas reales al desarrollo. Leer el artículo completo

(Imagénes de blognanin.blogspot.com y de antrophistoria.blogspot.com)

 
 

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El Unicornio de Porcelana / The Porcelain Unicorn


El cineasta Sir Ridley Scott lanzó una convocatoria para hacer un concurso para aspirantes a directores titulado “Dígalo a su manera” (Tell It Your Way). Hubo más de 600 concursantes.La película no podría ser superior a tres minutos y sólo podia  contener 6 líneas de narrativa y ser una historia convincente.
El ganador fue “Unicornio de Porcelana” del director estadounidense Keegan Wilcox. Espero que lo disfrutes:
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The filmmaker Sir Ridley Scott made a call to a contest for aspiring directors entitled “Tell It Your Way”. There were over 600 contestants.The film could not be more than three minutes, containing only 6 lines of narrative and be a compelling story. The winner was “The Porcelain Unicorn” by the U director Keegan Wilcox. I hope you enjoy it:

 

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Colombia se destaca como caso patético de las consecuencias nefastas del modelo neoliberal: David Harvey


POR FERNANDO ARELLANO ORTIZ

El sistema capitalista se agotó porque no está funcionando para el bienestar de la gente, por ello es urgente pensar en una transición de largo plazo a partir del cambio de patrones culturales, relaciones con la naturaleza y redefiniendo las formas tecnológicas y organizativas de producción, intercambio y consumo. El planteamiento es del reputado sociólogo urbano, geógrafo e historiador social inglés David Harvey, uno de los más connotados intelectuales de la izquierda de prestigio mundial en desarrollo de su participación como conferencista en el V Encuentro Internacional de Economía Política y Derechos Humanos, organizado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo de Buenos Aires.

Harvey dictó en este Encuentro un seminario especial sobre los desequilibrios estructurales y alternativas al capitalismo, así como participó de un panel con otros expositores para analizar la nueva estructura de la crisis mundial y América Latina.

Su visión crítica de la crisis capitalista da luces respecto del límite al que ha llegado el mundo por culpa de un sistema codicioso, criminal y depredador que no tiene límites.

Este científico social marxista nacido en Kent, Inglaterra, en 1935, actualmente profesor de la Universidad de Nueva York y catedrático visitante de London School of Economics, es conocido además por sus formulaciones en torno al Derecho a la Ciudad y a la Acumulación por desposesión.

Autor de varios trabajos ya clásicos sobre urbanismo y la dinámica espacial del capitalismo, cuenta también con investigaciones que constituyen contribuciones importantes a la teoría económica. Ha escrito una obra de referencia en el campo de la crítica cultural: La condición de la postmodernidad. Se doctoró en la Universidad de Cambridge en geografía histórica y obtuvo un post doctorado en la Universidad de Uppsala, Suecia, en 1961.

ESPECULACIÓN A EXPENSAS DEL ESTADO

El Observatorio Sociopolítico Latinoamericano WWW.CRONICON.NET recogió sus planteamientos durante las intervenciones que realizó en el certamen académico internacional convocado por la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, en la siguiente síntesis:

¿Cómo detener la acumulación de la riqueza mundial?, esa es la pregunta que hay que hacer, sostiene David Harvey, puesto que es irónico que en medio de la crisis civilizatoria que ha causado el capitalismo, haya hoy más millonarios en el mundo que hace tres años, y a los bancos, los grandes especuladores, ahora les vaya muy bien a expensas del Estado. Es decir, “se avala a los bancos y se le pega a la gente”.

La crisis económica que enfrentan actualmente Estados Unidos y Europa se debe en buena medida a la riqueza de los multimillonarios, mientras tanto, los pobres se han multiplicado por diez.

Eso quiere decir que el neoliberalismo se está profundizando en algunos aspectos, en el sentido de que es un proyecto de clase que consolida poder político y económico, explica.

Para el capitalismo las crisis son necesarias porque sus grandes beneficiarios renuevan su posición. Si bien las crisis se mueven geográficamente de un lado a otro y de manera rápida, no resuelven nada. En efecto, de la crisis inmobiliaria se va a la crisis del sector financiero y así sucesivamente.

Lo peor, sostiene el reputado geógrafo inglés, es que “vamos a ver al Fondo Monetario Internacional (FMI) hacer más de lo mismo en el futuro: implementando feroces medidas de austeridad que están llevando a una enorme disminución de los niveles de vida de los ciudadanos”.

Harvey no sólo acusa a la desregulación del sector financiero como uno de los factores que llevaron al descalabro actual, sino que advierte que la supremacía del capital concentrado sobre las decisiones políticas seguirá siendo un impedimento para salir de la crisis.

LA IRRACIONALIDAD CAPITALISTA

El sistema capitalista está basado en el crecimiento. En general, la tasa mínima de crecimiento aceptable para una economía capitalista saludable es del tres por ciento. El problema es que se está poniendo cada vez más difícil sostener esa tasa sin recurrir a la creación de variados tipos de capital ficticio, como viene ocurriendo con los mercados de acciones y con los negocios financieros en las últimas dos décadas. Para mantener esa tasa media de crecimiento, sostiene Harvey, será preciso producir más capital ficticio, lo que provocará nuevas burbujas y nuevos estallidos de las burbujas. Un crecimiento compuesto del tres por ciento exige inversiones del orden de los 3 billones de dólares.

En Estados Unidos se quiere hacer pagar el costo de la crisis económica a los sectores más vulnerables de la población mediante la reducción de programas sociales y la disminución de los impuestos a los sectores más adinerados como ocurrió en los gobiernos conservadores de Reagan y W. Bush. El propósito de estas medidas de claro tinte neoliberal es lograr el rescate de las instituciones financieras, las causantes de la crisis, lo que también se busca hacer en Europa.

Harvey da un ejemplo más de la irracionalidad capitalista: en enero de 2008, dos millones de personas perdieron sus casas en los Estados Unidos. Esas familias, en su mayoría pertenecen a las comunidades afroamericanas y de origen hispano, perdieron, en total, aproximadamente 40 mil millones de dólares. En aquel mismo mes, Wall Street distribuyó un bono de 32 mil millones de dólares entre aquellos “inversores” que provocaron la crisis. Una forma peculiar de redistribución de la riqueza, que muestra que, con esta crisis, muchos ricos se están haciendo más ricos.

El mundo capitalista vive bajo la dictadura de los bancos centrales y las instituciones financieras de carácter privado tienen simplemente la finalidad de utilizar el dinero de la gente para especular. Simultáneamente, el capitalismo no puede funcionar sin su infraestructura típica: carreteras, puertos, edificios y fábricas. La gran pregunta es cómo se construyen estas infraestructuras y en qué medida contribuyen a la productividad en el futuro. En Estados Unidos se habla mucho de puentes que van a ninguna parte. Hay intereses muy grandes de los lobbistas de la construcción que quieren construir sin importar qué. Pueden corromper gobiernos para hacer obras que no van a ser de uso para nada.

Una parte de la explicación de la crisis en Grecia y España puede vincularse con estas malas inversiones en infraestructura, afirma Harvey. Grecia es también un caso típico con los Juegos Olímpicos, grandes obras de infraestructura que ahora no se usan. En la mitad del siglo XX la red de caminos y autopistas, en Estados Unidos, fue muy importante para el mejoramiento de la productividad. Algo similar se observa actualmente en China, con caminos, ferrocarriles y nuevas ciudades, que en los próximos años van a tener un alto impacto en la productividad.

FRENAR LA ACUMULACIÓN DEL CAPITAL

El imperativo de las fuerzas sociales y los sectores de izquierda, advierte este científico social, debe ser frenar la acumulación del poder capitalista, porque esta crisis es de la abundancia que se está ahogando en su propia dinámica.

Hay que superar “la ética neoliberal” que proclama el sálvese quien pueda. Para el neoliberalismo, explica, la educación, la salud y la garantía efectiva de los derechos sociales es problema de cada una de las personas, por lo cual busca externalizar los costos.

Pero al mismo tiempo, también busca desregularizar todo lo que le ponga freno a la explotación tanto de la naturaleza como de los recursos humanos y públicos. El capitalismo ha logrado en su afán desmedido de acumulación transformar la vida de la naturaleza en algo muerto. La explotación capitalista es a todas luces inmoral, basta con ver las condiciones de vida de los pobres del mundo.

CHINA

En China, por efecto de la crisis norteamericana, la respuesta fue hacer grandes proyectos de infraestructura de inmediato. Además, el gobierno centralizado de China tiene enorme poder sobre los bancos. Dio la orden: “den préstamos para estas obras a gobiernos municipales y a los privados que estaban haciéndolas”. El gobierno central de los Estados Unidos no puede hacer eso. Se mantiene diciéndoles a los bancos: “presten” y los bancos dicen: “no”. China está creciendo a ritmos del 10 por ciento y Estados Unidos está por el piso.

LA AUSTERIDAD ES CONTRAPRODUCENTE

En concepto de Harvey, “La austeridad es algo totalmente erróneo. En primer lugar, por las diferencias de impacto entre clases sociales. En general, las clases más bajas son las más damnificadas. Además, las clases más bajas, cuando tienen dinero, lo gastan, mientras que las clases altas lo usan para generar más dinero y no necesariamente para hacer cosas productivas. Hay que pensar qué es lo que realmente necesitamos para tener una buena vida, y muchas de las cosas que pensamos del consumo son una locura; es dilapidar recursos, naturales y humanos. Hay que pensar cómo hacemos en el largo plazo para que la humanidad pueda vivir dignamente, tener vivienda, salud, alimento, logrando una vida estable y razonable”.

LA REACCIÓN DE AMÉRICA LATINA

En concepto de Harvey, en América Latina la reacción de los gobiernos ha sido mucho más sensible a la crisis que lo que se observa en los Estados Unidos y Europa. En Europa, dice, hay un gran conflicto entre los países más grandes y los más chicos. Alemania, que por razones históricas tiene una obsesión con el tema de la inflación, impone el tema de la austeridad. El triunfo de un gobierno conservador en Inglaterra también fortalece la idea de austeridad. Por eso, no sorprende que Europa esté estancada, mientras China está creciendo fuerte.

En Suramérica destaca a Colombia como caso patético de las consecuencias nefastas del modelo neoliberal. “La historia de Colombia es terrible porque es un claro ejemplo de acumulación por desposesión”, señala Harvey, pues los gobiernos de este país andino han entregado el territorio a las transnacionales minero-energéticas para su explotación, las cuales a su vez son protegidas por el ejército y cuentan con todas las garantías y gabelas del Estado colombiano.

POSIBILIDAD A CORTO PLAZO PARA EL CAPITALISMO

Si el capitalismo quisiera salvarse debiera volcar hacia políticas keynesianas en vez de adoptar medidas de austeridad, advierte Harvey. Lo que ocurre, sostiene, “es que las clases que ostentan el poder económico están más interesadas y preocupadas por salvarse a sí mismas”.

Hay una posibilidad de corto plazo para el capitalismo, agrega, y es adoptar el libreto keynesiano para lo cual es necesario ponderar a los trabajadores de forma que logren recuperar sus ingresos. “Esto está comenzando a ocurrir en China. Los movimientos sociales están creciendo en las fábricas y los salarios han aumentado en un 20 o 30%. Esta para mí es una solución a corto plazo, pero no creo que sea sustentable en el futuro, porque la solución keynesiana no puede ser permanente, siempre ha sido contracíclica. Pero en este momento no tenemos esa posibilidad por lo que la solución a largo plazo debe ser encontrar un camino alternativo para organizar la producción y el consumo en torno a un juego de mecanismos distintos a los del capitalismo de libre mercado”.

ES URGENTE PENSAR EN UNA TRANSICIÓN

Harvey se pregunta, ¿por qué debemos ser anticapitalistas?, y a renglón seguido responde con una frase que pronunció el sacerdote de la Teología de la Liberación y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal cuando le indagaron por qué es marxista. “Porque leí los evangelios”, fue su categórica respuesta.

El capitalismo con crecimiento es insostenible, por eso es urgente pensar en una transición a largo plazo. Si bien tras la caída del Muro de Berlín, hablar de anticapitalismo se tornó prohibido, los muros del capitalismo siguieron incólumes pero excluyendo, provocando crisis, pobreza, hambre, destrucción ambiental, guerras, explotación, señala Harvey.

“Por eso necesitamos alternativas al capitalismo”, insiste. Históricamente esas alternativas son el socialismo o el comunismo. El primero terminó transformándose en una forma menos salvaje de administración del capitalismo; el segundo fracasó. Sin embargo, esos fracasos no son una razón para desistir porque las crisis del capitalismo se están volviendo cada vez más frecuentes y más graves.

“La visión a largo plazo es pensar en una transición a partir del capitalismo”, sostiene, por lo que “la izquierda en el mundo debe cambiar sus patrones mentales, así como las universidades necesitan también de un cambio radical” que posibiliten una nueva y más humana solución.

Como primera medida, Harvey señala que no se pueden realizar transformaciones revolucionarias sin modificar, como mínimo, las concepciones mentales y culturales.

Esa transición, explica, debe comenzar poniendo impuestos a los ricos y a las corporaciones, y tornar a los bancos que hoy son simplemente especuladores en comunitarios.

Se requiere, además, de otros factores como redefinir las formas tecnológicas y organizativas de producción, intercambio y consumo; modificar las relaciones con la naturaleza; las relaciones sociales entre las personas; las concepciones mentales del mundo, reagrupando saberes y niveles de interpretaciones culturales y de creencias; darle un nuevo enfoque a los procesos de trabajo y de producción de bienes específicos, geografías, servicios o afectos; fortalecer las agencias institucionales, legales y gubernamentales; y darle un nuevo encuadramiento a la vida cotidiana que sostiene la reproducción social.

El movimiento anticapitalista tiene que luchar en todas esas dimensiones y no solamente en una de ellas como muchos grupos hacen actualmente, colige Harvey, para evitar que el mundo se siga autodestruyendo y de esta manera, la humanidad tenga otra oportunidad sobre el planeta tierra.

Buenos Aires, octubre de 2011.

(Imágenes tomadas de la lahistoriadeldia.wordpress.com; Transnational Institute, tmi.org y peoplesworld.org)

 

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Educación y Modelo de Desarrollo (2)


Un golpe a las Farc sería que el Presidente se sentara con los estudiantes a armar un mejor país. (Ricardo Silva Romero)

Aquí están los estudiantes, señor Presidente, aquí están dándole la cara. Aquí están, sin capuchas ni piedras en la mano, mirándolo fijamente a los ojos: de aquí nadie los mueve hasta que su gobierno en verdad oiga lo que están diciendo. Su ministra de educación, cansada de la indignación que despertó su aparatoso intento de reformar el sistema de formación superior, abrumada por aquellas marchas mansas que evitan con gracia los lugares comunes, llegó a decirles: “Vuelvan a sus clases: no saben el daño que le hacen al bolsillo de sus papás”. Su ministro del interior les mandó a pedir que dieran el debate en el Congreso: “Ese es el escenario natural”, les explicó, “las protestas estudiantiles no tienen sentido”. Y usted, que sabe que Colombia aún es un croquis, les preguntó: “¿Por qué protestan si no hay nada para protestar?”, como si hubiera llegado tarde a la película.

Pero ellos siguieron marchando, señor Presidente. Y seguirán de pie porque tienen claro que no deberían estar pagando dos veces por un mismo derecho, porque han descubierto que decir lo que se piensa no es un acto subversivo y porque tienen toda la razón.

Quizás no haya que pintarle los cachos del diablo a su fotografía, señor Presidente. Pero es cierto que su empantanado proyecto de ley, “por el cual se regula la prestación del servicio público de la educación superior”, busca a medias lo que hay que buscar a fondo: que los cupos se multipliquen, que la calidad por fin se eleve, que el aprendizaje deje de ser un privilegio, que los institutos tecnológicos alcancen la dignidad que tanto les falta y que los principios del buen gobierno se tomen el sector. Como dicen los estudiantes, en una lengua anterior al pragmatismo, no se llega a ninguna de las metas que usted pretende por ninguno de los caminos reparchados que usted propone: jamás tendremos un país de iguales si no tomamos, entre todos, la decisión de invertir en la educación mucho más de lo que invertimos en la guerra.

Oiga a los estudiantes, Presidente, óigalos bien. Simplemente le están recordando que sus familias no han tenido ni tendrán con qué pagar unas clases que los conviertan en prójimos de los afortunados: que si Colombia no sigue el ejemplo de Brasil, si el Estado -esa extraña manera de decir “nosotros”- no le apuesta diez veces más de su presupuesto a la educación, si no saca de su bolsillo remendado esa “cobertura con calidad” con la que todos estamos de acuerdo, si no construye los salones ni los profesores que se necesitan y no entiende que para darle valor a la formación técnica no es necesario menospreciar la formación universitaria, seguiremos siendo un país de siervos sin nada sometidos por “los benditos créditos educativos”: una larga fila que no va a dar a ninguna ventanilla.

Entienda a los estudiantes: son personas nuevas. Aún no se resignan a vivir a pesar de los gobiernos ni se acostumbran a pagar impuestos para nada. Todavía no les parece normal tener que comprar de nuevo la seguridad, la enseñanza, la salud. Tienen la rara idea de que el Presidente de la República es su empleado.
Y creen que lo que llaman “el mundo real” es una excusa: que el mundo es lo que sea que uno quiera. No son los mismos estudiantes de siempre, Presidente, saben que marchar por la educación es marchar contra la violencia; no gritan “¡imperialismo!” ni hablan de “neoliberalismo” cuando se quedan en blanco; andan por ahí, con cifras en la mano, diciendo: “Queremos un Estado que gaste en un estudiante lo mismo que gasta en un soldado”.

¿Quiere darles un verdadero golpe a las Farc, señor Presidente?: entonces siéntese a armar con los estudiantes, de igual a igual, un país en el que los padres gradúen a sus hijos en vez de enterrarlos.

www.ricardosilvaromero.com en el Tiempo, 10 de Noviembre, 2011

 

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Has Western Capitalism Failed? / ¿Ha fallado el Capitalismo Occidental?


HAS WESTERN CAPITALISM FAILED?

Twenty years ago, the fall of communism in Eastern Europe seemed to prove the triumph of capitalism. But was that an illusion? Constant shocks to the world’s financial system over the past few years prompted the BBC World Service’s Business Daily programme (22 September 2011) to ask leading figures whether they thought Western capitalism had failed.

Professor Tim Jacksom, Surrey University and author of Prosperity without Growth – Economics for a finite planet, answered:

The days of spending money we do not have on things we do not need to impress people we do not care about are over!”

Every society clings to a myth by which it lives. Ours is the myth of economic growth. For the last five decades, the pursuit of growth has been the single most important policy goal across the world. The global economy is five times the size it was half a century ago. If it continues to grow at the same rate it will be 80 times that size by the year 2100.

This extraordinary ramping up of global economic activity is without historical precedent. It is totally at odds with the finite resource base and the fragile ecology on which we depend for survival. Most of the time, we avoid the stark reality of these numbers. Growth must go on, we insist. The reasons for this collective blindness are easy enough to find.

Western capitalism is structurally reliant on growth for its stability. When growth falters – as it has done recently – politicians panic. Businesses struggle to survive. People lose their jobs and sometimes their homes. Questioning growth is deemed to be the act of lunatics, idealists and revolutionaries. Yet question it we must. The myth of growth has failed us. It has failed the two billion people who still live on less than $2 a day. It has failed the fragile ecological systems on which we depend for survival.

But economic crisis presents us with a unique opportunity to invest in change. To sweep away the short-term thinking that has plagued society for decades. To engage, for instance, in a radical overhaul of dysfunctional capital markets.

Untrammelled speculation in commodities and financial derivatives brought the financial world to the brink of collapse just three years ago. It needs to be replaced by a longer, slower sense of capital. Fixing the economy is only part of the battle. We also have to confront the convoluted logic of consumerism. The days of spending money we do not have on things we do not need to impress people we do not care about are over.

Living well is about good nutrition, decent homes, access to good quality services, stable communities, satisfying employment. Prosperity, in any meaningful sense of the word, transcends material concerns. It resides in our love for our families, the support of our friends, the strength of our communities, our ability to participate fully in the life of society, a sense of meaning and purpose in our lives.

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¿HA FALLADO EL CAPITALISMO OCCIDENTAL?

Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a gente que no nos interesa se acabaron!

Toda sociedad se aferra a un mito y vive por él. El nuestro es el del crecimiento económico. Las últimas cinco décadas la persecución del crecimiento ha sido el más importante de los objetivos políticos en el mundo. La economía global tiene cinco veces el tamaño de hace medio siglo. Si continúa creciendo al mismo ritmo, será 80 veces en el año 2100.

Este extraordinario salto de la actividad económica global no tiene precedentes en la historia. Y es algo que no puede estar más en desacuerdo con la base de recursos finitos y frágil equilibrio ecológico del que depende para su supervivencia. Y ya ha venido acompañado de una degradación estimada de un 60% de los ecosistemas del mundo.

La mayor parte del tiempo, evitamos la realidad de estos números. El crecimiento debe continuar, insistimos. “¡Acumulad!, ¡acumulad!, es lo que dicen Moisés y todos los profetas”, como dijo Karl Marx. Y no sólo por el bien de los países más pobres, donde (lo sabe el cielo) es desesperadamente urgente una calidad de vida mejor, sino en el opulento Occidente, donde el consumismo rampante amenaza el tejido de nuestra sociedad.

Las razones por esta ceguera colectiva son fáciles de encontrar. El capitalismo occidental se basa de forma estructural en el crecimiento para su estabilidad. Cuando la expansión se tambalea, como ha pasado recientemente, los políticos entran en pánico. Los negocios batallan por sobrevivir. La gente pierde sus trabajos y en ocasiones sus viviendas. La espiral de la recesión es una amenaza. Cuestionar el crecimiento se toma como un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios.

Ahora, cuestionarlo es un deber. El mito del crecimiento infinito ha fracasado, ha fracasado para 2.000 millones de personas que viven con menos de US$2 al día. Ha fracasado para el frágil sistema ecológico de cuya supervivencia depende. Ha fracasado, espectacularmente, en sus propios términos, para proveer estabilidad económica y asegurar la vida de las personas. La prosperidad para unos pocos, basada en la destrucción medioambiental y la persistente injusticia social, no es fundamento para una sociedad civilizada.


GDP Per Capita – PIB Per Cápita

Pero la crisis económica se nos presenta como una oportunidad única para invertir en el cambio, barrer las creencias en el beneficio a corto plazo que fueron una plaga durante décadas. Y para el compromiso, por ejemplo, en una reforma radical de las disfuncionales instituciones de los mercados de capitales. La especulación sin trabas en materias primas y derivados financieros llevó al mundo financiero al filo del colapso hace tres años. Es necesario que sea remplazado por un sentido de las finanzas más duradero y lento: inversión sólida en activos productivos, en tecnologías limpias de bajas emisiones de carbono, en salud y educación, en viviendas de calidad y en sistema de transporte eficientes, en espacios públicos abiertos. Es decir, inversión en el futuro de las comunidades.

El empresariado también debe ser revisado. Obtener beneficios a expensas de los contribuyentes es inmoral. La mano invisible del mercado debe ser domesticada y puesta al servicio del pueblo. Los ejecutivos más previsores de las empresas más visionarias ya entienden estas demandas. La empresa social está comenzando a prosperar en la economía post-crisis.

Arreglar la economía es sólo parte de la batalla. También tenemos que confrontar la lógica del consumismo. Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a personas que no nos importan deben terminar. Vivir bien es buena nutrición, un hogar decente, buenos servicios públicos, comunidad estable y un empleo satisfactorio.

La prosperidad, en todos los sentidos de la palabra, trasciende las preocupaciones materiales, reside en el amor de nuestras familias, el apoyo de nuestros amigos y la fuerza de nuestras comunidades, en nuestra capacidad para participar en la vida en sociedad, en tener un propósito para darle sentido a la vida. El desafío para nuestra sociedad es crear las condiciones para que hacer esto posible.

(Images from makingitmagazine.net, sd-commission.org.uk, designforeveryone.howest.be, guardian.co.uk, politicalclimate.net)

 

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El Fantasma del Desarrollo


EL FANTASMA DEL DESARROLLO EN AMERICA LATINA (Anibal Quijano)

(La gráfica muestra la relacion que existe entre el ingreso per cápita (eje horizontal) y la esperanza de vida (eje vertical). Los colores muestran la situación por regiones en el mundo en el mapa de la esquina superior derecha)

Desarrollo es un término de azarosa biografía en América Latina. Desde la Segunda Guerra Mundial ha cambiado muchas veces de identidad y de apellido, tironeado entre un consistente reduccionismo economicista y los insistentes reclamos de todos las otras dimensiones de la existencia social. Es decir, entre muy diferentes intereses de poder. Y ha sido acogido con muy desigual fortuna de un tiempo a otro de nuestra cambiante historia. Al comienzo sin duda fue una de las más movilizadoras propuestas de este medio siglo que corre hacia su fin. Sus promesas arrastraron a todos los sectores de la sociedad y de algún modo encendieron uno de los más densos y ricos debates de toda nuestra historia, pero fueron eclipsándose en un horizonte cada vez más esquivo y sus abanderados y seguidores fueron enjaulados por el desencanto. Ayer no más parecía no sólo desprestigiado y en desuso, sino enterrado entre los escombros de esperanzas frustradas y de batallas perdidas y bajo un densa pila de textos dedicados, unos, a testimoniar el desencanto y a la desmistificación del “discurso del desarrollo”, y otros a convencernos de que fuera de la ganancia y del mercado todo es ilusión. Hoy, no obstante, se nos convoca a buscarlo de nuevo entre las mallas de una nueva configuración de poder que se conoce con el nombre de “globalización”.

¿Significa esto que desarrollo es, o podrá ser, de nuevo una bandera en el horizonte de las próximas contiendas por el sentido de la historia que viene? ¿O es más bien la evocación de un fantasma que, como el de Elsinor, podrá quizás presidir desde las sombras la intempestiva furia que ponga fin a la prolongada vacilación del Hamlet latinoamericano? Click aqui para conocer las respuestas que Anibal Quijano nos ofrece (El fantasma del desarrollo – Quijano, Centro de Estudios Latinoamericanos – CESLA, 2000)

(La imagen es de Gapminder-Google – The image is from Gapminder-Google collaboration)

 

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